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domingo, 15 de julio de 2018

Happy End x Michael Haneke

Para quien conozca a fondo la obra de Michael Haneke, podría parecer que Happy End no añade nada que no haya sido expuesto en sus anteriores películas. Hay una filosofía de fondo común, consistente en explicarnos cómo la realidad existencial de las personas y de las familias tiene dos aspectos: a.- el cuidado de las apariencias, del orden conveniente, de las convenciones, etcétera  y b.- la emergencia de ciertas sensibilidades que el culto a las apariencias mantiene  ocultas, ignoradas o despreciadas. Orden contra caos, por decirlo en pocas palabras: Mentiras contra verdades. Lo vemos, por ejemplo, en el papel que Isabelle Huppert desarrolla en La Pianista.
El otro factor de interés es comprobar que las influencias de Haneke, además de la de Bergman, abarcan hasta Hitchcock, especialmente en Happy End. En este sentido, percibo que en esta su última película Haneke conduce al espectador como lo haría Hitchcock, al menos, en ciertos aspectos. Y en concreto, el momento estrella de toda esta influencia nos lo encontramos en los planos finales, que condensan todo el pensamiento de Haneke. Por tanto, para quien no esté familiarizado con este director, entiendo que una iniciación al cine de Haneke podría empezar con Happy End, pues contiene todos los aspectos filosóficos y cosmovisionarios que había desarrollado y expuesto en sus anteriores películas.

Para quien no haya visto ninguna otra película de Haneke, Happy End puede ser la mejor iniciación posible. Y como hay una tendencia, muy habitual entre los cinéfilos, en comparar la obra reciente de un autor con sus trabajos anteriores, les diría que Happy End es autosuficiente. O sea: no haría falta compararla con ninguna otra de las películas de Haneke. Sin embargo, se trata de una buena iniciación.

A parte del final, que lo condensa todo, lo mejor de Happy End es la presencia de Jean Louis Trintignant y la actuación de una actriz de apenas 12 años, cuyo nombre es Fantine Hardouin. Sus actuaciones estás en su punto, y contradiría aquello que dijo Hitchcock en relación a que no se puede trabajar con niños. En cuanto a la historia, diría que no es plausible que suceda en la vida real, y poco importa, pues lo que nos interesa es la fuerza de los símbolos y de las metáforas hanekianas. 
En pocas palabras, Happy End trata de una familia burguesa, con todos sus intríngulis, y lo que hace cada cual para tratar de taparse y vivir cómodamente según convenciones al uso. Sin embargo, el abuelo y la nieta proponen una solución al margen. Y esta solución tiene que ver con el suicidio, un suicidio que es como una voz rebelde en medio de tanta convencionalidad burguesa. La complicidad entre nieta y abuelo pone encima de la mesa la escala de valores de esa familia burguesa.

Para acabar: el momento final de Happy End conduce al espectador a que proponga la solución al conflicto. Se trata de un final que lo dice todo y, al mismo tiempo, lo oculta. De ahí que, como en el cine de Hitchcock, la moralidad del espectador resultará determinante para el buen provecho de Happy End. Por tanto, el desenlace de Happy End pone al espectador como protagonista, lo cual puede no gustar a algunos. Lo que si es de impacto es la lentitud con la que la nieta trata de ayudar al abuelo, acompañándolo con él en su silla de ruedas, y el contraste con la rapidez del momento final, en el que los adultos bienpensantes tratan de sofocar (y tapar) las voluntades de abuelo y nieta. De hecho, de toda la película me quedo con este instante final.

miércoles, 24 de enero de 2018

Sin Amor

Del director Andrey Zvyagintsev habíamos visto Leviathan, que nos dejó una huella profunda. También es el director de Elena o El Regreso. Tiene 26 años, una edad que permite entrever que todavía puede plantearse metas aún más altas. Deduzco que se trata de un cineasta con un futuro muy prometedor. Por sus preocupaciones y por la finura con que trata los contenidos de sus películas, me llevan a emparentarlo con un congénere americano, en concreto, con Todd Haynes. Ambos tienen una predilección especial por los seres heridos, por las situaciones socialmente complejas o muy matizadas, por las consecuencias que estos seres heridos generan en otras personas, especialmente si son inocentes. Y por cómo ellos, a su vez, puesto que también fueron inocentes, recibieron heridas por parte de otras personas. Es decir, estamos hablando de directores seriamente preocupados por la sociedad en la que viven, por cómo los individuos sufren las consecuencias derivadas de determinados tratos recibidos y por cómo se las ingenian para superarse y sobrevivir dignamente.

En el caso de Sin Amor nos encontramos con un drama familiar, la pérdida de un hijo, cuyo paradero desconocido sirve como telón de fondo para poner de relieve un universo en el que un hombre y una mujer, los padres de la criatura, muestran sus viejas discordias. Se trata de un drama muy crudo, de gran violencia, aunque muy realista. Andrey Zvyagintsev se sirve de este drama para poner sobre la mesa los cambios habidos en la sociedad rusa a lo largo de las últimas décadas. En concreto, la figura capital es la mujer, la madre del niño perdido, a la cual disecciona en profundidad. También disecciona a otras mujeres, y a los hombres en general, y a los vínculos entre ellos y ellas. Es como si nuestro cineasta tuviera en sus finas manos un bisturí con el que va separando los tejidos dolorosos, para ponérnoslos ante nuestra vista, para que los comprendamos. Es en realidad un retrato de la sociedad en dolorosa transformación, la que pasa del comunismo al capitalismo rampante posterior al crash que experimentó la Unión Soviética justo después de la caída del muro de Berlín. Sin embargo, no es Sin Amor una película política, ni de denuncia. Simplemente expone una situación, con todos sus ángulos, sus matices. Una gran película en la que todo brilla: el guión, la dirección, la actuación, el desenlace, todo.

Debo decir que la gran virtud de Sin Amor es la crudeza, por un lado, y la gran belleza que transmite (sin que una cosa reste a la otra). Salvo alguna exageración inicial, necesaria para que nos situemos, es Sin Amor una obra de arte de principio a fin. Lo llamativo, sin embargo, está en el desenlace, que a la vez nos sorprende y compunge, pero que luego nos parece de una lógica brutal. Paradojas de la historia que nos cuenta. 

viernes, 22 de diciembre de 2017

Trumbo


Trumbo o el retorno de Espartaco (Kirk Douglas o el 155).

Tras una re-visión de esta película, que me ha sabido tan bien o mejor que la primera vez, llego a la conclusión de que lo que en ella se cuenta se está repitiendo en el contexto presente. Se me ocurre, por poner un ejemplo cercano, compararlo con el asunto que nos ocupa en Catalunya , con el tema de la sedición independentista y la caza de brujas que se está dando.
El caso es que en el cosmos de Dalton Trumbo hay de todo. Incluso si tomamos la película y la descuartizáramos, salvando las distancias culturales, históricas y en relación al tema que trata, encontraríamos similitudes con la actualidad presente en las diversas funciones que los personajes desarrollan en pantalla. Me parecieron de interés los papeles, a parte del de Donald Trumbo, el de Helen Mirren (periodista, que se podría equiparar a muchos periodistas de por aquí y de por allá), el de John Goodman, el de John Wayne y, por supuesto, el de Kirk Douglas, capital. Luego están los chivatos, los traidores, los amigos incombustibles, la familia que apoya incondicional, los otros perseguidos. Y luego, claro está, tenemos los inquisidores, los perseguidores de la libertad, los paranoicos, los burócratas.

A parte de esta comparación, Trumbo es una gran película, muy bien guionada y dirigida, con un actorazo en estado de gracia, Bryan Cranston, en el papel protagonista.

martes, 12 de diciembre de 2017

Alanis

Una mujer joven, madre soltera de un niño, hija de un padre que la abandonó. Alanis es el nombre de una mujer que debe prostituirse para poder llevar a buen puerto su condición de madre y persona. Alanis, que así se llama esta película argentina que narra la vida de esta persona, resulta árida y fina. Me recordó a otra película, chilena en este caso, Las Plantas, dirigida por Roberto Doveris, cuya crítica fue publicada por Cine en la Sombra a principios del año en curso. La pueden leer en este enlace: Las Plantas. Pues bien, cuando releo esta crítica constato que podría decir lo mismo de esta Alanis, que resulta cruda de ver y de digerir. Quien vaya con la muy respetable intención de divertirse, que se lo piense dos veces. Sin embargo, aquella persona que se sienta con la fineza psicológica necesaria, además de gusto por el cine auténtico, le recomiendo que asista a ver esta película, de la cual se puede sacar mucho partido para pensar, recapacitar, reflexionar, compartir y ponerse en la piel de una mujer que debe prostituirse para poder seguir adelante. 


A parte de las reflexiones, destaco en Alanis la actuación de la actriz que la encarna, Sofía Gala, excelsa, y de la directora, Anahi Bemen.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Creative Control

De las películas vistas durante estos últimos meses, recuerdo especialmente Creative Control. Trata de una comunidad de personas (cualquiera de nosotros) situada en un futuro próximo. Así pues, no se trata de una distopía ni nada de eso. Ni tampoco de una utopía. Y ni tan siquiera contiene ninguna hipótesis imaginaria que vaya mucho más allá de las películas al uso.

Creative Control nos describe un mundo muy parecido al actual, solo que más tecnificado, con prótesis más sofisticadas que las que solemos usar. Sin embargo, el asunto de Creative Control gira en torno a la paradoja formada por: avance tecnológico + los problemas de siempre. Está rodada en blanco y negro, una opción que le cuadra mucho. Sólo ven imágenes en color cuando alguno de los personajes crea artificialmente un holograma de alguien que no existe.

La sensación que tuve fue que se trata de un enfoque inteligente, sugerente, paradojal. Ah, y también me quedé con una sensación parecida a la que me dejó un libro de Michel Houellebecq. En concreto, con "Las Partículas elementales", con quien comparte ciertos valores.

King and Country. Joseph Losey.

Acudo a revisar esta recomendable película dirigida por Joseph Losey. Toda ella en blanco y negro, un formato óptimo que encaja perfectamente con el asunto en cuestión. Además del blanco y el negro, la película es tenebrosa, hosca, inmisericorde contra el militarismo y contra todas las guerras. Todo un lujo poder contemplar la creación de climax a que nos somete Joseph Losey. Se podría comparar con "Senderos de Gloria", la película de Stanley Kubrick.

"King and Country" narra el proceso por el que pasa un soldado, debido a un supuesto intento de evasión, y por lo cual es finalmente condenado a muerte y ejecutado por sus compañeros. La interpretación es soberbia, especialmente las de Tom Courtenay y Dirk Bogarde. El final, que es justo en donde está el quid de la cuestión, es sublime de todas todas. Me refiero al texto que los oficiales escriben a la familia del soldado ejecutado, notificando de las causas oficiales de su muerte (aunque las reales han sido otras). Un gesto que tanto puede ser compasivo como defensivo de la corporación militar. El que sea más una cosa que otra dependerá de la mirada del espectador. Pero, atención, está justo al final de la película, justo cuando el espectador la ha casi dado por finalizada. Que no se os escape este detalle.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Bye bye Germany



De un tiempo a esta parte estamos siendo invadidos por estrenos en los que la Segunda Guerra Mundial y el nazismo son protagonistas. Es decir, películas con aspiraciones historiográficas, acaso orientadas a revisar, recordar, analizar, advertir, etcétera. Sin embargo, Bye Bye Germany nos cuenta una historia muy interesante, un tanto colateral. Se trata de la vida que un grupo de ciudadanos alemanes judíos intentan emprender. Estamos justo con la Segunda Guerra Mundial recién acabada. Quieren irse a América, a iniciar una nueva vida, lejos de aquellos escenarios de guerra, miseria y persecución. Sin embargo, para emprender el viaje necesitan dinero. Y para hacer dinero, qué mejor que comerciar con mercancías apreciadas por la población, como, en el caso de la película, ropa doméstica. En consecuencia, vemos al grupo apañárselas para acercarse a las amas de casa, para convencerlas de lo bueno que es comprar esos tejidos tan útiles y bonitos, y tan faltados por razones de la guerra. 

Bye bye Germany cuenta con un protagonista de lujo, el que da vida al personaje principal, un hombre llamado David Berman, que es el más avispado y ambicioso del grupo. Tan avispado es que en diversos flash back lo vemos en el campo de concentración explicando chistes a la oficialidad nazi. Tal es su talento que un oficial lo ficha para que le cuente chistes a Hitler. Ello lleva a nuestro protagonista a que, una vez situado en el presente, sea investigado por una oficial del ejército aliado, que en esos momentos post-guerra actúa como fiscal que trata de depurar y escrutar sobre sospechosos, tanto alemanes que han sido nazis como, y aquí está nuestro personaje, judíos supuestamente colaboracionistas. 

Me ha gustado mucho Bye bye Germany. Está muy bien tramada, explicada, narrada. El desenlace, que se ve venir desde buen principio, no deja de sorprender. Me estoy refiriendo a la relación entre la fiscal que investiga y el astuto judío investigado.

Una película para disfrutar.

A War



A War se desarrolla en dos escenarios que se alternan. Por un lado, Afganistán; por el otro, Dinamarca. En Afganistán hay en marcha una guerra contra los talibanes. El ejército multinacional intenta compatibilizar las acciones de guerra con las acciones humanitarias. En concreto, el ejército danés y sus acciones son protagonistas. Vemos en A War a un grupo de militares daneses comandados por un oficial. Este oficial, que tiene a su familia viviendo en Dinamarca, es el protagonista de esta buena película. El actor que lo encarna se llama Pilou Asbaek. Y lo que encarna es la soledad, aún estando continuamente acompañado. Está solo ante sus compañeros; está solo ante su familia; está solo ante sí mismo. Vayamos por partes.

El personaje principal, interpretado por el actor antes mencionado, es el responsable del grupo danés que está en Afganistán. Se trata de una guerra en la que la tecnología es importante: tecnología para disparar, tecnología para fiscalizar las propias acciones. Además de tecnología, tenemos la burocracia, los tribunales, los abogados, los protocolos. Se trata de un tiempo, el de las guerras actuales, en el que se registra todo, se escruta todo, incluyendo lo que las cámaras de video y de sonido de los cascos van recogiendo. Es decir, nuestro protagonista comete un error, o algo que algunos quieren que sea un error, y a partir de aquí lo que va ocurriendo es la espiral de acoso que el sistema ejerce sobre el comandante. Por otro lado, la familia también presiona, pide, etcétera, para evitar que el papá y marido sea encarcelado por haber atacado una vivienda que, según el tribunal que luego le juzgará, no debería haber sido atacada. El comandante vive en un dilema moral. Una de sus acciones ha tenido consecuencias indeseadas, como acabo de indicar. Sin embargo, no se doblegará ante la verdad y mantendrá su honestidad a costa de su propia comodidad. Está solo, solo ante su familia, ante sus propios compañeros, ante la maquinaria burocrática, ante los protocolos del ejército, ante sí mismo. De hecho, la escena final, con el caso ya resuelto, es la que mejor describe la situación.

Dejando de lado alguna trampa en el guión, necesaria para que todo cuadre, A War es muy buena película, está bien dirigida, el ritmo está muy calibrado y todo se desarrolla con sumo respeto. La actuación es tan sobresaliente como el resultado final.

Además, cuenta con elementos para un debate posterior, como, por ejemplo, la acción de los fiscales y del aparato judicial. De ahí podemos deducir que a ellos les interesa más ganar un caso, a costa de lo que haga falta, que servir a intereses más amplios. También, y en forma de guinda, es de interés contemplar la ayuda que nuestro protagonista recibe sin haberla pedido. Y esta ayuda se la da un compañero barbudo. Y no les contaré más, pero este hecho, el de la ayuda inesperada del compañero y el de la soledad del comandante forman la cuerda tensa en que se desarrolla A War.

viernes, 21 de julio de 2017

Sieranevada


Acudo a la sala en donde se proyecta esta película sin saber nada del asunto. No tengo referencias del director, el rumano Cristi Puiu, ni de sus otras películas. Y ni tampoco del tema. Sólo sé que la película es más bien larga. Así, pues, ya tienen a este cinevisionario adentrándose en la oscuridad de la sala, presto a asistir sin prejuicios, sin expectativas, sin referencias. Pues bien, me encuentro con una historia compleja acerca de la cotidianidad de una familia, que bien puede ser representativa de la sociedad de Rumanía. La acción transcurre casi toda ella en un piso de unos 70 u 80 metros cuadrados. Teniendo en cuenta que hay como unos 25 personajes (o más), ya se pueden imaginar cómo será de abigarrado el ambiente.

Cuenta la historia de una familia bastante numerosa: abuelos, hijos y nietos. Están juntos, por decir algo, para despedir al patriarca recién fallecido. Es decir, se juntan con ese pretexto, aunque rápidamente vamos observando la complejidad de sentimientos, de experiencias y de ajustes de cuentas que unos y otros se tienen entre sí. Debo decir que la sensación que experimenté mientras veía la película es que el equipo de guionistas, junto con el director y los actores, se lo han trabajado muchísimo. No han dejado al azar nada, todo y que parece que haya cierta improvisación. Y es posible que pueda haberla, aunque lo cierto es que si la hay obedece a una intención muy precisa: retratar el estado de una sociedad, la rumana, en la que hay personas que han vivido la dictadura (los más mayores), el final de ella (los medio mayores) y el mundo post-comunista (los más jóvenes). Incluso se podría trasladar al caso español. De ahí que nos venga bien una película así para poder escuchar de boca de los personajes ideas que nos resultan muy cercanas y actuales.

Sieranevada me ha parecido una película excelente. Y más que excelente, notabilísima. No solo hay una trama, la que forma la madeja de emociones y pequeñas historias, sino que todo el transcurso de la historia está trufado por comentarios muy interesantes, gestos, ambientes y climas. Y todo parece que transcurre improvisadamente, pero, atención, hay un trabajo de fondo muy exhaustivo. Y también está llena de símbolos, que el espectador podrá decodificar aplicándolos a situaciones más cercanas y particulares. Es posible que Cristi Puiu haya hecho un homenaje a la sociedad rumana (y mediterránea en general) a través de una familia que lo reúne todo para que cada cual penetre en la trama a través  del personaje con el que mejor empatice.

Sieranevada me ha hecho pensar acerca de hasta qué punto las familias están más unidas por el dolor que por el placer de estar juntos. En este caso, el dolor es el plato de todos los días. Incluso la comida que están preparando, empezada a tomar cuando la película ya enfila el tramo final, se deja comer de forma tardía y con la familia puesta patas arriba. Es decir, la preparación de la mesa, que es lo que más ocupa la película, discurre en paralelo con las cuentas pendientes que unos y otros tratan de zanjar. Y ese intento, con resultados dispares y hasta desafortunados, desemboca en la prometida comida, que más que unir muestra la evidencia de una familia que permanece apegada a sus crisis. Y en esa comida que tarda en llegar, cuando llega, pone aún más en evidencia la variedad de mundos que hay en un piso tan pequeño y tan abigarrado de criaturas que tratan de intentar vivir mejor unos con otros. Por ejemplo, presten atención al papel que hacen las puertas de las habitaciones dentro de la casa, cuando unos y otros entran y salen de cualquier estancia. O, por ejemplo, la señora mayor, que durante el primer tramo de la película aparece con un gorro blanco, y que luego se quita. Pues bien, este poner y quitar alumbra del cambio de lugar dentro del sistema de la abuelita en cuestión.

Ignoro si el director dejó que los actores improvisaran. Es de suponer que sí, pero la sensación con la que me quedé es que tanto da si improvisaban o no, el resultado es de una lógica que parece que todo esté tramado al milímetro.

La publicidad de la peli la compara con el cine de Fellini o Berlanga. Y es posible que la comparación esté bien atinada. A mi me ha parecido singular e incomparable, aunque la pista es buena.

martes, 11 de julio de 2017

La Via Lactea

¿Puede la realización de una película servir de justificación para que Emir Kusturika y Monica Bellucci puedan pasar más tiempo juntos?

Justo acabo de ver la última película de Emir Kusturika. Llego a la conclusión de que En La Via Lactea es la excusa que Emir Kusturika utiliza para estar el máximo tiempo posible con Monica Bellucci. A parte de ello, me pareció larga, pesada, inflada, vacía. O más que vacía, si es que algún valor quiere transmitir, En La Via Lactea sepulta lo bueno que podría decir en una parafernalia de trucos estéticos, en un intento por acercarse al maestro Federico Fellini por parte del bueno de Emir. Y a fe que se acerca, claro, pero sólo por fuera. Lo mejor, por supuesto, es la actuación de Monica Bellucci que, a parte de por su sola presencia, levanta el ánimo de este cinevidente aburrido.

martes, 27 de junio de 2017

El testamento de Andrzej Wajda



Afterimage es la película testamentaria del director polaco Andrzej Wajda (1916-2016). Podría ser que fuera autobiográfica, al menos en cuanto a la idea de fondo. Es decir, que Andrzej Wajda ha podido habilitar la vida de su admirado pintor Wladislaw Strzemonsky para decirnos unas cuantas cosas en cuanto a la relación entre arte y política. El resultado no podría ser mejor.

He visto la película dos veces en poco tiempo. De la primera salí estupefacto y de la segunda, aún más. Afterimage no tiene desperdicio, la mires por donde la mires. Una historia más que interesante, un debate acerca de lo que hace un artista cuando su concepción de arte, y su vida misma, es intervenida o coaccionada por el poder político. Tengamos en cuenta que estamos hablando de la Polonia comunista, en la que los artistas debían trabajar de acuerdo a lineas ideológicas y estéticas marcadas por la élite en el poder. Poca broma. Así pues, tenemos ante nosotros las vicisitudes de Wladislaw Strzemonsky, forcejeando con las autoridades y con unas circunstancias que le serán del todo desfavorables. Afterimage muestra la vida de este artista en sus últimos años, justo cuando las contradicciones en las que vive se estaban haciendo todavía más agudas.

Wladislaw Strzemonsky (1893-1952) fue un artista que perdió el brazo y la pierna durante la 1a. Guerra Mundial. Es decir, que el actor que lo encarna, impresionante Boguslaw Linda en su soberbia interpretación, actúa sin brazo y sin pierna. Y resulta tan creíble que parece que le falten de verdad. Aún con ello, la actuación del actor es sobresaliente en muchos otros aspectos.

Afterimage, lo intuyo, dejará huella durante largo tiempo en el cinevisionario que suscribe.

lunes, 26 de junio de 2017

Maudie, el color de la vida


Cuenta Maudie la historia de una mujer maltratada, marginada, excluida, especialmente en su juventud y primera madurez. Padece una forma de artrosis prematura que la va dejando progresivamente incapacitada para llevar una vida normal. Sin embargo, esta vida suya es, y acabará siéndolo aún más, extraordinaria. Maudie se basa en hechos reales. 

Maudie es pintora y, aún más, una persona que trata de llevar una vida digna en medio de tanto inconveniente. Sin embargo, y lo digo ya, las mayores trabas no están en su artrosis sino en la respuesta mezquina de los que la rodean, empezando por su propia familia y siguiendo por el marido que le ha tocado en suerte, aunque su relación con él va transformándose según avanza la película. Sin embargo, como decía, todo va cambiando lentamente, y aunque del final nos podemos hacer una idea, lo que hace buena esta obra de arte, además de la historia que cuenta, es la prodigiosa interpretación de la actriz que encarna a Maudie, Sally Hawkins. Si van a ver la película encontrarán a la verdadera Maudie justo antes del final del visionado. Y ahí es cuando nos damos cuenta de que la recreación de Sally Hawkins es de apoteosis.

Me resultó curioso observar que mis compañeros del pase de prensa alabaran la película sin mencionar las lágrimas que derramaron mientras la veían. Estando en la sala escuché algún que otro sollozo, además del mío. Pudorosos que somos.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Comanchería



Un western crepuscular, Comanchería. Podría ser una obra más del género, y en cierto modo lo es, pues reúne todo lo que suele haber en un western. El asunto es que está bien explicada, bien narrada, con un ritmo acogedor, etcétera. En ciertos aspectos, me recordó a Slow West, de hace pocos años, con Michael Fassbender como protagonista. O algunas de las que en los últimos años ha rodado Clint Eastwood. En Comanchería el centro de atracción lo ocupa Jeff Bridges. Sin él, sería otra cosa. 

Se agradece que las pocas escenas sanguinolentas no hayan sido aprovechadas por las técnicas de HD para ponernos la víscera en los morros del cinevisionario. También resultan de lo más interesantes los pintorescos diálogos, especialmente los que ponen a hablar al personaje de Jeff Bridges con su compañero policía. Bueno, lo de pintorescos es por ponerle una palabra a la cosa. En realidad, es un repertorio de la mentalidad carca o xenofóbica por parte del protagonista.
Una curiosidad: de la película me ha interesado un detalle que veo que se repite recientemente en otras obras. Las historias no acaban, o acaban con un final abierto. Es decir, no proponen una solución a un dilema o nudo sino que dejan la incógnita en el aire. ¿Será ello una señal del mundo en el que vivimos, un mundo líquido o volátil, en perpetuo proceso, incierto y sin soluciones definitivas?


Mientras entre nosotros hay quien se pregunta cuándo saldremos de la crisis, cuándo dejará de haber corrupción, cómo viviremos cuando la Seguridad Social haya sido desmantelada... al mismo tiempo, vemos que estos finales peliculares nos vienen a decir que no hay solución, que lo único que mantiene la lógica del funcionamiento del mundo es la continuidad de los procesos.

jueves, 25 de mayo de 2017

No sé decir adiós

Trata de la historia de un hombre en su decrepitud. Lo vemos ahí con sus hijas. El guión podría parecer simple y previsible, y lo es en cierto modo. Sin embargo, es un texto que es la antesala del oro que luego vemos en pantalla. Ahí está Juan Diego, apoteósico. Y la no menos apoteósica Nathalie Poza.

Me recordó No sé decir adiós a Solas, la película de Benito Zambrano que ha dejado huella perdurable.
Otra joya es el trabajo del director, Lino Escalera, y más siendo su primer largometraje.

La volveré a ver. Y con esto lo digo todo.

miércoles, 12 de abril de 2017

La chica desconocida

La chica desconocida es una película de los hermanos Dardenne. Me ha resultado interesante por varias razones: por la dirección, tan fiel a un estilo y a un modo de abordar asuntos emocionales; por la actriz protagonista, Adèle Haenel, descomunal en su papel; por la inteligencia de los Dardenne, tan sutil como árida y brillante al mismo tiempo.

En este caso, tanto como en Dos días, una noche, con una Marion Cotillard igualmente descomunal en su interpretación, los hermanos Dardenne nos acercan a un sentimiento, le ponen una lupa y nos muestran todo un desarrollo. Tienen a bien los Dardenne en no plantear hipótesis remotas acerca del por qué las personas vivimos las emociones de la manera que lo hacemos. Es decir, son anti-psicoanalíticos. Sólo ponen la atención en emociones presentes.

En el caso de La chica desconocida, además, tenemos un elemento de valor añadido en el mismo título. Voy por partes:

La chica desconocida cuenta la historia de una mujer que pide auxilio en un consultorio médico. Como el consultorio ya ha cerrado al público, la mujer no insiste y los médicos que se hallan en el interior no son conscientes de lo que pasa. Y lo que pasa es que la mujer que pedía ayuda estaba siendo perseguida. Luego vemos que muere a manos de quienes la perseguían. Así, pues, una chica desconocida que pide ayuda, por un lado, y la actitud posteriormente auto-culposa por parte de la mujer médica. Sin embargo, toda la acción orbita alrededor de la forma de ser de la médica. Es un retrato a fondo de la empatía, de la compasión, de la culpa y del no ser nada en la vida. Es decir, alguien que es para los demás pero no para sí misma. Y en este sentido, podríamos decir que la mujer desconocida es la médica. La médica, encarnada en una actuación descomunal por Adèle Haenel, es desnudada por la mirada de los Dardenne. Sin embargo, como he indicado anteriormente, no nos plantean de dónde viene esta forma de ser, tan culposa y tan predispuesta a autoanularse. Nos dicen que lo que hay es lo que hay, y que las personas somos como somos. Así de sencillo y así de profundo.

Piscis y la mística del cine

Recién acabo de ver Captain Fantastic en una sala comercial que estaba bastante llena. Y eso que tengo la película en casa, pero contra la mística de una sala de un cine no hay rival posible. Por eso me alegra ver cómo las personas retornamos a los cines. Mientras espero para ver la película, empiezo a rememorar nombres de actores y actrices. Por lo general, se tiene muy en consideración al signo de Leo como exponente de la auto-expresión. Podría pensarse que el santo patrón de actores y actrices es Leo. Pues sí, haberlos haylos. Sin embargo, recordé especialmente los nombres de Juliette Binoche y Michael Caine, ambos de Piscis. Veo que es un signo al que se le da muy bien actuar y metamorfosearse en los personajes, como si su yo no se proyectara hasta influir sobre ellos. Más bien es a la inversa, el personaje coloniza al actor o actriz pisciano. A partir de este punto, podríamos entender que el nivel de empatía en Piscis es una herramienta tan poderosa que legitima toda la ficción. Y ahí está la cosa con Piscis, que no sabemos si lo que vemos de él es real o ficticio.
El otro ejemplo es Carme Chacón, recientemente fallecida, también de Piscis. Su nivel de simbiosis con la sociedad y con las instituciones fue tal que me ha llevado a pensar que lo pisciano es absolutamente necesario para que la sociedad se mantenga tal y como es y, en lo posible, evolucione y progrese. De algún modo Piscis representa la función de contención, de dirección sutil, de cortafuegos o, aún más, de apagafuegos.

Ponerse en la piel de un personaje es como procurar que la historia que con él se cuenta llegue a transformar la mente del espectador, y hasta de la persona que lo encarna, para llevarnos a creer que toda la ficción que vemos en la pantalla es tan real como la vida diaria.

El secreto de Piscis para poder encarnar al personaje, ya sea en el cine, en la política, en las contingencias cotidianas, etcétera, es estar y ser como una esponja, incondicional a todo lo que haya que absorber. En este sentido, Piscis es una pantalla en donde se proyecta el inconsciente social. No ser nada para poder ser cada cosa que haga falta encarnar. O si lo prefieren, Piscis es alguien que puede dejar de lado lo que nadie sería capaz de dejar. Sin embargo, cuando tratamos de líderes políticos, el pisciano puede hacerse pasar por derechista, izquierdista, aguerrido, empático, reaccionario, compasivo o lo que sea. Y es por eso que puedo creer lo que veo en el cine y no creerme lo que veo en la vida ordinaria, especialmente cuando alguien proclama actuar en nombre de un ideal. Y ahí pongo, por ejemplo, a personajes de la vida política que dicen defender los intereses del pueblo, aunque sea ese el rol por el que el director de la película los ha contratado. Entonces, pues, me pregunto: ¿quién es el director de la película? ¿de qué va la película? ¿le interesa el pueblo al director de la película?

Ah, por cierto, Captain Fantastic es muy buena. Sin embargo, no lo es tanto como para verla otra vez. De hecho, podría parecer que es una película que incorpora una denuncia anti-burguesa, pero en realidad es un cuento de hadas y de hados. Es decir, tal y como está orquestado el tramo final (el último tercio de la película), se va diluyendo hasta apagar el mensaje que podría aportar. Y todo (des)gracias a lo que acontece en el último tramo, insisto, que hace que todo quede en agua de borrajas. 

Otra interpretación posible es que Captain Fantastic pueda ser una reacreación del mito del martirio, muerte y resurrección de Cristo (encarnado en el personaje de Viggo Mortensen), con todas circunstancias cristianas trasladadas al escenario en el que transcurre esta película.

Mi prueba del algodón a la hora de valorar una película es que me vengan ganas de volverla a ver, lo cual no ocurre con Captain Fantastic (de momento).

domingo, 22 de enero de 2017

Somnia

Somnia es una película encajada en el género de terror. También podría ser considerada como thriller paranormal. Si a Somnia la encajamos dentro de lo sensacionalista, propio del género de terror, nos quedaremos sólo con emociones y sustos. En cambio, el relato subyacente en Somnia me pareció bien interesante. Ahora les explico.

Un niño llega adoptado a casa de sus nuevos padres. Según vemos más adelante, el niño viene de haber pasado por otras familias. El caso es que es hijo natural de una madre que murió de cáncer. Vemos, avanzada la película, la escena -a todas luces terroríficamente exagerada- en la que la madre se despide de él. Sin embargo, esta exageración es un punto necesaria para describir lo que la película tiene de valor, que es comprender la transferencia que un niño emocionalmente herido hace de sus sueños sobre la realidad mental de la vida de los adultos. Lo vemos, por ejemplo, en el caso de la última familia a la que llega, que es justamente la que permite el desmantelamiento de estas emociones.

Según mi entender, el hecho narrado, consistente en explicar cómo es posible que los sueños de un niño insomne puedan materializarse en la vida mental de determinados adultos, es lo más interesante de Somnia. Los sueños están relacionados con el pánico, la muerte, etcétera. Así, pues, vemos a los padres adoptivos secuestrados por las sensaciones que el niño experimenta cuando buenamente puede dormir. Por lo general, el niño es insomne. Y es insomne para evitar soñar en lo que usualmente sueña cuando duerme.

Por fortuna para el niño, para los nuevos padres adoptivos, y para la historia misma, el asunto acaba a través de un gesto de la madre. Hasta ese momento, las imágenes que el niño absorbe durante la vida diurna son metabolizadas, proyectadas y materializadas hacia la mente de sus nuevos padres. El gesto de la madre deriva de la comprensión de esta proyección. Su forma de desactivar se ve al final de la película. El abrazo al terror lo desactiva. A partir de este hecho, el horizonte queda limpio para poder emprender una nueva vida.

No me gustó de la película el terror gratuito, o el susto efectista. Sin embargo, tales exageraciones pueden servir para poder comprender el fenómeno de los mecanismos de proyección en los que todos podemos estar participando, por activa o por pasiva, y con temas de fondo que no tienen por qué ser terroríficos.

¿Es posible que los contenidos de la mente inconsciente de una persona -cualquiera de nosotros- se materialicen en la vida de los demás? No es descabellado pensar que sí lo es, aunque no necesariamente con temas tan terroríficos. O si lo prefieren, viceversa: ¿es posible que lo que vemos como real sean proyecciones materializadas que otros hacen de sus sueños sobre nuestras vidas?

Creo que Somnia gustará más a quien les interese comprender cómo funciona la mente inconsciente que a quien guste de las películas adscritas al género fantástico y de terror.

martes, 17 de enero de 2017

Sidney. Hard Eight

Sidney es una película estrenada en los años 90. Es de los primeros trabajos de Paul Thomas Anderson, director que luego lo fue de Magnolia, The Master o There Will Be Blood (aquí titulada Pozos de Ambición). Vistas ellas, y alguna otra más, me declaro admirador de la forma y contenidos del cine de Paul Thomas Anderson. Veo en él a un cirujano que pone al descubierto los males de la sociedad, los prejuicios y las mezquindades. También, la ambición y lo que sus personajes están dispuestos a hacer por ella. La realización del sueño a toda costa, con lo que de peligroso que tiene eso. La avaricia, la lujuria, la gula y la ira. Y no solo eso, pues no denuncia, sino que muestra de forma equilibrada el funcionamiento de los humanos. Digamos que Paul Thomas Anderson no quiere que sintamos rabia al ver los comportamientos de sus personajes. Lo que pretende es que los veamos para poder aprender de ello. Ahí está la grandeza del cine: poder aprender de lo que la historia nos cuenta.

En concreto, Sidney es una parábola. Narra la historia de un hombre cuyo pasado no nos es revelado más que al final. Su presencia primera nos muestra un encuentro entre este hombre y otro ante la puerta de un supermercado. Ahí vemos a un humano abandonado (el personaje que encarna John C. Reilly) y el hombre que puede sacarlo adelante (el tal Sydney, interpretado por Philip Baker Hall). Estas dos personas tienen un pasado común, de ahí la parábola, que necesitan cerrar (aunque sólo es una de ellas la que sabe de qué va ese cierre). La historia nos cuenta, muy medidamente, las claves que luego nos darán a entender la acción de ese destino. Sydney es un hombre hermético, que guarda un secreto, el cual es revelado ya muy avanzada la película. El ritmo es magistral. La intuición y la inteligencia de Paul Thomas Anderson son verdaderamente brillantes.
El final de la película es hitchcockiano. Aunque es posible que toda ella lo sea.

Toni Erdmann

Los brotes de surrealismo de Toni Erdmann, una película alemana que trata de la relación entre un padre y su hija. Un asunto serio tratado con un sentido del humor que a veces se desborda de lo que la historia cuenta.

Toni Erdmann es el título de una película alemana (a punto de estreno). Toni Erdmann también es el pseudónimo que el protagonista de la película utiliza para poder formar parte de la vida de su hija. Empezaremos por el principio.
Toni Erdmann trata de la relación entre un hombre mayor y su hija. La historia comienza dando a conocer que nuestro protagonista recién ha dejado atrás un episodio difícil en su vida. Pronto vemos que las mentes y los corazones de padre e hija están muy alejados unos de otros. Él es un hombre intentando aproximarse a su hija. La hija, en cambio, está muy concernida en su trabajo. Ella es ambiciosa, aunque parece vivir en falso. Sin embargo, aun siendo el asunto cosa seria, Toni Erdmann tiene mucho de surrealista. Y lo es por las características del protagonista: el padre que busca a hija es un personaje de vuelta de muchas cosas, y sin prejuicios; incluso capaz de disfrazarse para poder estar más cerca de su hija, adoptando el ficticio nombre de Toni Erdmann. La hija, en cambio, quiere mejorar y aceptar retos que su profesión le demanda. 

Podríamos entender que Toni Erdmann trata de la diferencia mental y sentimental entre una generación (la del padre) y la siguiente (la de la hija). Sin embargo, también trata de las diferencias de clase social, encarnadas en otros personajes. Por tanto, tiene la película intención de mostrar aspectos igualmente importantes en la relación entre humanos, no sólo los que conciernen directamente a padre y a hija. Ambición no falta en el equipo que ha hecho posible Toni Erdmann. Más bien, y así lo sentí, sobra excesiva proliferación de detalles, que no añaden sino que quitan a la película la agilidad que podría tener. Es decir, con media hora menos la película hubiera subido de nivel de calidad. Se enzarza con cosas sobre las cuales acaba no profundizando. 

Lo mejor es la actuación de hija y padre, especialmente él. También, el sentido del humor que rezuma la obra. Así, pues, estamos ante un asunto muy serio, que es tratado de forma surrealista y con mucho sentido del humor.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

La llegada

La llegada (The Arrival).

A La Llegada se la cataloga como película de ciencia-ficción. Y es lógico, pues toda ella se desarrolla en un escenario en el que el mayor peso, el más obvio, es precisamente ese, el propio de una historia de ciencia-ficción. Sin embargo, si nos distanciamos de las apariencias, encontraremos que en La Llegada se nos expone cómo funciona el humano ante el miedo, la incertidumbre, la ignorancia, la inseguridad. El factor que pone en evidencia tales emociones es la presencia en la Tierra de un grupo de naves extraterrestres. La presencia de los seres que habitan dichas naves pone al humano frente a frente ante sus incógnitas, sus miedos, su necesidad de racionalizar la incertidumbre. Dicho sea de paso, estos seres tratan de comunicarse con los humanos de una manera muy curiosa: trazando círculos de color que flota en el espacio. La cuestión es si hay alguien entre los humanos que sea capaz de traducir lo que nuestros exoamigos tratan de decirnos.

Antes de seguir, les diré que lo mejor de la película, a parte de la bondad de lo que en ella se expone, es la actriz protagonista, Amy Adams, que representa a una científica con gran intuición y talento. Estos dones son los que luego necesitará para traducir e interpretar el diálogo con los extraños. Gran actuación la suya.

También es La Llegada una historia de afectos. Todo empieza con un episodio íntimo, acaso clave para el desarrollo de la intuición que la protagonista acabará desarrollando, y finalizará con otro, que augura un merecido descanso, después de tanta intensidad vivida.

Y aún más, ¡atención!, una película con mensaje político. Lo vemos a las claras en una conversación entre el personaje que encarna Amy Adams y el mandatario chino. No les contaré más para no condicionar su visión de la película. Sólo diré que lo que más me llevó a aprender de La Llegada son las reflexiones sobre el humano, que ante lo desconocido puede actuar en actitud de combate o de escucha. ¿Es lo desconocido que tengo ante mi una amenaza, o es que viene a avisarme de algo que necesito saber?