martes, 26 de julio de 2016

El caso Fischer

¿Qué sería de la mente de personas brillantes sin una madriguera que les sirviera de referencia emocional?

El caso Fischer, que así se llama la versión españolizada de una película llamada Pawn Sacrifice, trata de un caso real: el de Bobby Fischer, el famoso ajedrecista. La he visto dos veces. En la primera, me pareció una buena película. Pasadas unas semanas, volví. Me pareció más interesante en el segundo visionado que en el primero, lo cual dice mucho. No puedo decir lo mismo de, por ejemplo, las películas de Paolo Sorrentino.

Otro factor: Tobey McGuire es el actor protagonista y el productor, lo cual ya indica que se trata de una apuesta importante para él.

Los hechos narran la biografía de Bobby Fischer, con especial dedicación a la experiencia que rodeó a las partidas con Boris Spassky. Se ve, ya al principio de la película, al Bobby Fischer de niño y de adolescente. Se deja a las claras cuáles pudieran ser los hechos que, según avanza la película, podrían tener relación con  su comportamiento de adulto. Por tanto, El caso Fischer puede resultar para aficionados al ajedrez, para quienes quieran conocer el clima que rodeó las relaciones entre USA y la URSS durante los años de la guerra fría y, muy especialmente, para personas interesadas en psicología y en psiquiatría. Y para el público en general, que será puesto en el interior de la mente de una persona brillante y genial, además de otros elementos de su personaldad que quedan bien descritos.

También, ya en el último tramo de la película, vemos al Bobby Fischer de verdad (a través de imágenes de archivo).

Alrededor del personaje de Bobby Fischer hay otros dos, a parte de la madre, la hermana y Boris Spassky, que me llamaron la atención: el del abogado, encarnado por Michael Stuhlbarg, y el del cura, representado por Peter Sarsgaard. En un momento cumbre de la película, el cura dice que el juego del ajedrez es como una madriguera, refiriéndose a determinados rasgos de la personalidad de los ajedrecistas profesionales. Me pregunto, pues, llevado por tal comentario, si las profesiones son también madrigueras, en donde las personas se muestran o se ocultan o parapetan. ¿Qué hubiera sido de una mente como la de Bobby Fischer sin esa pasión, que tan bien se describe en la película?

Aprovecho ahora para adjuntar la Carta astrológica del genio. Verán en ella lo claro que está todo.

domingo, 17 de julio de 2016

El Eneagrama y Ramon Llull


Mientras espero con alborozo poder asistir a la exposición que en el CCCB se le dedica a Ramon Llull, leo y releo un artículo que Lluis Roca dedica al Eneagrama en tono crítico. Se preguntarán ustedes qué relación puede tener el Eneagrama con Ramon Llull y con Luis Roca Jusmet. Ya les digo: mucha. Ramon Llull ideó un sistema que es, en gran parte, eneagrámico y astrológico.

Antes de seguir, les paso el enlace a la exposición: La màquina de pensar: Ramon Llull i l'ars combinatoria.
Y aquí va el enlace con el texto sobre el Eneagrama escrito por Luis Roca Jusmet: El Eneagrama: un apunte crítico.

La razón de este entrelazamiento me produce la siguiente pregunta:

En el texto de Luis se hace una crítica al Eneagrama. También hace una mención a la Astrología. Me pregunto yo si un sistema de conocimiento se puede llegar a confundir con el conocimiento mismo. Es decir, ¿puede convertirse un sistema, que sólo es un modelo de mediación entre el observador y el mundo, en un elemento que le procure fascinación? Es decir, ¿es correcto y saludable tomarse el Eneagrama, los postulados hipocráticos de los 4 elementos, la filosofía china de los 5 elementos, el Ars Combinatoria de Ramon Llull y la Astrología, por poner unos ejemplos, como un sustituto fascinante de la realidad? ¿Y no será que lo fascinante debería ser la realidad sensible en la que vivimos, también llamada Cosmos?

Y más aún, si la realidad -el humus cósmico- no resultara fascinante, ¿qué es lo que hace que lo sea a partir de un sistema de conocimiento?

Otra pregunta más: ¿a partir de qué momento un sistema de conocimiento, que nos ayuda a mediar entre el pequeño cosmos con el gran cosmos, sustituye a la realidad que pretendíamos observar con él?
Dejando a parte el sistema de conocimiento aportado por Ramon Llull, ¿es posible tomarse el Eneagrama, la Astrología o las teorías de los elementos como si se tratara de formas religiosas? O, en el otro lado, ¿alguien podría tomarse estos puentes hacia el conocimiento como si se tratara del conocimiento mismo -hasta dejarlos convertidos en objeto de veneración-?

Mi idea y mi sentir es que estos medios no son la realidad, sino, más bien, reducciones y clasificaciones de la realidad. Confundir la realidad con un método o con un modelo es como rebajar la realidad a las limitaciones del método o del modelo.
Entonces, pues, ¿por qué dejarse fascinar por un método o por un modelo de conocimiento? ¿no debería ser la realidad sensible la que nos debería resultar fascinante? ¿por qué entronizar un método: no será acaso una muestra del narcisismo propio del humano? ¿O quizá es que tendemos a pensar que el método es más que la realidad, acaso porque con el modelo o método creemos ejercer algún tipo de control que nos ayuda a apaciguar el espíritu?

¿Y no será que lo que nos debería preocupar es el determinado uso, tendencioso y mercantil, que hacen los agentes espirituales que trafican con estos puentes, aprovechando el narcisismo congénito de consumidores y clientes potenciales?

De esta última pregunta, Luis hace un argumento con el que estoy totalmente de acuerdo.

Para concluir, les paso un enlace a un artículo en el que describo cómo el neoliberalismo raptó el malestar de las masas y lo llevó hacia la terapia (en lugar de a la revolución), lo cual entroncaría con gran parte de lo que dice Luis Roca en su artículo. Es decir, hacia la explotación del narcisismo:

miércoles, 13 de julio de 2016

Lolo

Retrato de la mujer sagitarial.

Debo reconocer, y lo digo sin tapujos, que siento una debilidad, o como lo quieran llamar, por Julie Delpy. Llevo en la memoria sus interpretaciones, en especial la trilogía rodada con Richard Linklater, con Ethan Hawke como co-protagonista.

Ahora, que recién he acudido a la proyección de "Lolo", en la que es protagonista y directora, vuelvo a quedar prendado. Qué tiene Julie Delpy que me hace tanto tilín. A parte de su presencia, su sentido del humor. Hay algo en ella que denota que se ríe de si misma y de todo. Es un reirse que es, en realidad, un respeto de fondo en relación a las contradicciones y absurdos humanos. Parece extraño, pero no es una contradicción. Ignoro si ella es así en su vida personal. En "Lolo", por ejemplo, hay un guión con tintas agridulces que trata con un humor. Estamos hablando de un drama disfrazado de sarcasmo.

Vayamos por partes. Vemos en pantalla a una madre (divorciada) y a su hijo, que ya empieza a estar bastante más allá de la edad adolescente. También vemos a su novio (de ella) en ciernes. El asunto son los celos del hijo ante la presencia del intruso. Se trata de un Edipo que, ya muy avanzada la película, se nos muestra como que ha ido repitiendo sus argucias con otros novios sin que la madre se diera cuenta (hasta un cierto momento). Dicho de otro modo, la madre no ha tenido novios duraderos debido a la acción subrepticia del hijo. 

Podría servir "Lolo" como debate en escuelas de todo tipo, pues da material como para hacer de ella un testimonio de las relaciones de los hijos con sus padres, cuando éstos se han divorciado y tratan de rehacer sus afectivas vidas (siempre y cuando los hijos respectivos lo permitan).

Es muy destacable la escena final, de lo más sutil de la película, en que se re-encuentra con el novio. Aparece ahí la hija (de él), apuntando a la repetición del conflicto, sólo que en lugar de venir por parte del hijo de ella viene de la hija de él. El conflicto parece que esté a un tris de repetirse.

Una curiosidad relacionada con Julie Delpy es lo sagitarial en ella, nacida en el día que corresponde al último grado del signo de Sagitario. Ella misma imprime un fuerte contenido sagitarial a sus interpretaciones y a sus diálogos. Lo vemos, por ejemplo en esta "Lolo", y lo vimos también en la trilogía de Richard Linklater. En esas tres películas ambos protagonistas, Ethan y Julie, aportan mucha improvisación. Es decir, gran parte de sus características personales son percibidas en su presencia en pantalla sino, además, en los diálogos. Y diría aún más: las cosmovisiones de lo sagitarial se perciben espléndidamente en estas películas de Julie Delpy.

lunes, 4 de julio de 2016

Money Monster

De las películas que han dejado retratado al sistema, me quedo con "Spotlight", "La Gran Apuesta" y "Money Monster". No incluyo en el paquete las películas de Michael Moore y tantos otros trabajos en formato documental en los que se trata el tema del dinero, de las finanzas, de la corrupción, de la codicia, de los abusos y de la estupidez humana. Así, pues, me estoy ciñendo a un tipo de películas cuyo circuito es el de las salas comerciales.

Como decía, esta trilogía, pues ahí veo un hilo conductor común a las tres citadas, trata de algo que ya existía desde hace muuuucho tiempo. Sin embargo, a la que cayó Bernie Madoff, en el 2008, y fue puesto en prisión, a lo que asistimos es a una caida de la venda colectiva. Me explicaré: el sistema es corrupto, y no de ahora. Sin embargo, hay cosas que es difícil que se puedan mantener guardadas, excepto que algo ocurra y detone una situación que lo haga todo más visible. Se podría decir que el sistema es opaco (siempre), sólo que nos damos cuenta según nos va en él. Y resulta que ahora algo nos va en ello, y por eso pasa lo que pasa.

Con la caida de Bernard Madoff fuimos viendo cómo el sistema se las apaña para lanzar al circo de los leones a alguna de sus criaturas, acaso para que el resto de fieras pueda seguir con lo que estaba haciendo, acaso para que el público se regocije y se distraiga. Todo es muy antiguo. Nada nuevo bajo el Sol, vamos.

El caso es que tenemos ante nosotros la nueva película de Jodie Foster como directora. Lo digo ya: es muy buena, ella y la película. Ahí vemos a Julia Roberts, como directora de un programa televisivo, y a George Clooney, como conductor del programa ante cámara. Es de esos programas que con tal de tener alta audiencia es capaz de todo. En este caso, se trata de un programa que toca temas de bolsa y finanzas, en un formato que es puramente tele-basura. En un momento dado, habiendo entrado en los estudios furtivamente, aparece una persona que ha perdido todos sus ahorros siguiendo los consejos del personaje interpretado por George Clooney. A partir de este punto se inicia un viaje trepidante a los reinos de Plutón, el dios del inframundo.

Para no extenderme, les diré que no es sólo un programa de denuncia en relación a una actividad concreta del humano, como podrían ser las finanzas, la economía, la bolsa o la especulación codiciosa. Es algo más. Ahí vemos cómo el sistema va engullendo todo lo que encuentra a su paso: tanto da que sean poderosos, miserables, hackers, periodistas, público, etcétera. 

No es "Money Monster" una película sobre el dinero, sobre las inversiones, sobre los pelotazos que acontecen de un día a otro, que también. Trata "Money Monster" de una maquinaria que engloba a todos los actores que participan en el sistema: o sea, todos: verdugos, víctimas e intermediarios. 

Seguramente no será "Money Monster" de lo mejor de Julia Roberts o de George Clooney, que también es el productor, dicho sea de paso. Sin embargo, sí que contiene perlas en el guión y en la dirección.  Y hasta es posible que llegue a ocupar un lugar destacado en la carrera de Jodie Foster como directora. Estas perlas dan a la película un ritmo trepidante, con detalles y desenlaces creativos muy notables.

Para los astrólogos amantes del cine:
La mención de Plutón es por razones obvias. Lo retrata muy bien. Y además, vemos ahí la exaltación de Plutón en Géminis: cómo los medios de comunicación son la gran máquina tragadora de todo: traga, metaboliza, capitaliza, rentabiliza, fagocita y expulsa.

sábado, 2 de julio de 2016

Neptuno encarnado en Paolo Sorrentino

¿Qué nos quiere decir Paolo Sorrentino en realidad?

De Paolo Sorrentino (para más señas, un géminis con ascendente pisciano) he visto dos películas: La Gran Belleza y La Juventud. Y las he visto dos veces. La primera vez que vi cada una de ellas, debo reconocerlo, me deslumbraron, me fascinaron. Sin embargo, con el segundo visionado la cosa cambia. Me explicaré.

Está claro que Paolo Sorrentino, cabeza privilegiada, quiere transmitir cosas, quizá demasiadas y de modo superficial para la enjundia que esas cosas tienen. Percibo un fondo ético y filosófico en su cine, pero queda eclipsado por el preciosismo y la hiperesteticidad de su estilo. No es de extrañar la fascinación inicial, que se desvanece con facilidad a la que le ves el truco y el afán de protagonismo de lo estético sobre lo ético. Es decir, Paolo eclipsa él mismo lo que quiere transmitir, si es que quiere transmitir algo.

Me pregunto si Paolo Sorrentino quiere explicar lo que parece que pretende querer explicar; o bien, si lo que quiere es demostrar lo buen director que es. Es decir, si su intención, más que la de transmitir lo que parece querer transmitir, es la auto-promoción. Lo cual no es mala cosa para un oficio como el de ser director de cine, para el cual es necesario contar con la complicidad de inversores, productores y público. También me pregunto cómo podría Paolo explicar lo que explica sin la carga preciosista y esteticista que impone e imprime en sus películas.

miércoles, 29 de junio de 2016

Linajes políticos paranoicos

¿Son los partidos políticos estructuras paranoides que sospechan hasta de su propia sombra?

Llevo estudiando los perfiles políticos de los partidos desde una perspectiva astrohistórica. Para ello, recuperé una idea básica: cada organización funciona de acuerdo a su mito o impronta fundacional. Lo cual quiere decir que la cualidad del momento en que surge un partido político lo va acompañando a lo largo de su historia. Estamos hablando, pues, de un linaje transgeneracional.

Por tanto, pues, las cualidades de una organización están representadas en el mapa astral del momento de su fundación.

A partir de esta idea, paso a sugerirles una curiosa relación que afecta a determinados partidos políticos catalanes:
ERC, de signo Piscis, fue fundada en 1931. Fue el suyo un éxito fulgurante en su momento, pues recibió votos de sectores sociales muy diversos. El 23 de julio de 1936 fue fundado el PSUC, bajo el signo de Leo. Este partido atrajo gran cantidad de votos que hasta ese momento habían sido favorables a ERC. Es posible que este hecho, junto a otros factores, haya contribuido a la enemistad que ambas formaciones han estado manteniendo durante décadas. Y la cosa no acaba aquí.

El PSUC se recicla y se convierte en Iniciativa per Catalunya (IC) en 1987, bajo el signo de Piscis. Actualmente, IC forma parte de la materia prima que hoy es En Comú-Podem, de signo Escorpio. Es decir, En Comú-Podem es portador del linaje del PSUC. Me pregunto yo ahora si es posible que persista esa vieja enemistad, ahora reciclada y encarnada en los nietos y bisnietos respectivos. Sospecho que sí.

Por razones ideológicas obvias, la relación de En Comú-Podem con el sector social representado por CDC (ambas formaciones son nacidas bajo Escorpio) no es precisamente amistosa. De hecho, la pretensión de En Comú-Podem es ocupar el trono que ha ocupado CDC durante muchos años. Es decir, en la centralidad del catalanismo que ahora es soberanista. También, claro está, en detrimento del papel que le corresponde históricamente a ERC.

También me pregunto cómo será la relación de En Comú-Podem con la CUP, con ERC, con el futuro partido que emerja de lo que aún hoy es CDC, y con el PSC, suponiendo que este partido algún día optara por reivindicar el derecho a decidir y a la autodeterminación. Es decir, ¿se verán favorecidas las alianzas y las coaliciones; o bien nos mantendremos en la dinámica partidista del divide y vencerás, fiel reflejo de la paranoia que viene siendo habitual?
También, ¿distorsionará el afán de protagonismo de cada partido la acción política necesaria para que los cambios puedan producirse?

¿Para qué están los partidos: para articular causas ciudadanas o para perseguirse y pelearse entre ellos?

Otro dato curioso en ciernes:
el próximo 23 de julio se conmemorará el 80 aniversario de la fundación del PSUC. Ese mismo día, la directiva de CDC dará el paso definitivo para crear un nuevo partido -aunque días antes (8, 9, y 10 de julio) ya habrán decidido cuál va a ser el nuevo nombre-. Va a ser un día con fuerte carga simbólica.

Y la última:
En Comú-Podem va camino de convertirse en partido independiente, dejando de lado la asociación estratégica con Podemos. Habrá que ir viendo la evolución de la actitud y programa del futuro partido, especialmente cuando uno de sus argumentos es la preferencia por un referendum pactado con el Estado, y viendo que esa posibilidad queda cada vez más disipada y alejada según pasan los días. Suponiendo que optaran por decantarse hacia un proceso constituyente, ¿será la actitud de En Comú-Podem favorecedora de pactos, coaliciones y colaboraciones transversales, o seguiremos presenciando cómo la dinámica partidista (de todos los partidos) se impone hasta pervertir las ideas que dicen defenderse?

Y finalmente, dos anotaciones breves:
Los partidos también tienen ego. En consecuencia, también actúan de manera individualista. En los partidos, por otro lado, conviven, solapándose entre ellas, las ambiciones de las personas -que utilizan la organización como plataforma particular-, las del propio partido y las de la comunidad que dicen representar. No es de extrañar que el carácter de los partidos contenga rasgos paranoides, esquizoides, neuróticos, obsesivo-compulsivos, etcétera. 

Y la ultimísima pregunta:
¿funcionan los partidos políticos (incluso, y aún más, los de izquierda) como élites extractivas del alma de sus seguidores, militantes y votantes?

lunes, 27 de junio de 2016

Partidos políticos y organismos vivos

Los partidos políticos son organizaciones vivas. Funcionan como un organismo, con huesos, músculos, órganos, vísceras, mente, relaciones internas y con el entorno, psiquismo y espiritualidad. Como las personas, son entidades mentales. O si lo prefieren, son parte de una entidad mental mayor compartida entre la organización misma y las personas con las que establecen relaciones, ya sean militantes o individuos cuyas estructuras de carácter resulten resonantes. También, como entre las personas, los partidos políticos también se relacionan con otras organizaciones sociales, con las que establecen relaciones de simpatía, antipatía, atracción o rechazo. Y si existe alguna herramienta que permite equiparar la psicología de una organización con la psicología de las personas esa es la astrología. 

Entre dos personas es posible captar su nivel de compatibilidad. A través de la grafología, por poner un ejemplo. En cambio, para establecer el nivel de compatibilidad de una organización con otra, de una empresa con otra, o de un partido con otro, la única manera es comparando los mapas astrales respectivos. Es posible, por ejemplo, saber qué tipo de vinculación astral hay entre Esquerra Republicana de Catalunya y Podemos.

El rubro astral de los partidos políticos.

Me pregunto cómo es posible que la inmensa mayoría de los partidos políticos catalanes tengan todos un fuerte rubro de Agua -Cáncer, Escorpio y Piscis-. El elemento Agua es el elemento mudo. No se puede hablar con la cabeza hundida en el Agua. Eso sí, se puede flotar o nadar. Y si hablas, te arriesgas a tragar con lo que entra.

El PSC fue fundado bajo el signo de Cáncer. Convergència Democrática de Catalunya, bajo Escorpio. Unió Democràtica de Catalunya, bajo Escorpio. Ciutadans, bajo Piscis. Esquerra Republicana de Catalunya, bajo Piscis. Iniciativa per Catalunya, bajo Piscis. En Comú-Podem, bajo Escorpio. Las excepciones son la CUP (Fuego) y el PP (Aire). Ah, y la fundación del PSUC, matriz primera de lo que hoy es Iniciativa per Catalunya y En Comú-Podem, bajo Fuego. Precisamente, a finales de julio próximo hará 80 años de su fundación. 

En el próximo artículo -la parte II- les hablaré de la timidez organizacional, cosa que se refleja mucho en los partidos políticos. Una pista: puede haber personas intrépidas y audaces en los partidos políticos, eso es obvio, además de honestas. Sin embargo, hay estructuras de carácter en (algunos) partidos que actúan castrando esa posibilidad.

domingo, 26 de junio de 2016

La construcción de la desigualdad

La construcción de la desigualdad y la ocupación de un lugar en la historia.

En este artículo me voy a ocupar de relacionar la construcción de la desigualdad social con la pulsión por ocupar un lugar en la historia por parte de algunos individuos. Y todo ello, bajo el reflejo del ciclo de 84 años, que tanto acontece en el Cielo como en la Tierra. Por lo tanto, nos estamos refiriendo al papel que Urano tiene en nuestras vidas.

En otros artículos de este blog me he referido a Urano como el planeta cuyos principios guardan paralelismo con los ideales liberales, la derecha democrática, la libre empresa, el mundo de los negocios y los frutos de la interacción humana, especialmente cuando esta interacción aún no ha sido regulada por códigos legales. Podríamos llamar a esta relación así: transversal y alegal (o prelegal). Neptuno, en cambio, representa al Estado (y a sus instituciones) y a la izquierda no anarquista; y Plutón, que representa a la banca, a la oligarquía y a los poderes ocultos que están más allá de la división entre derecha e izquierda.

Así, pues, en este artículo le voy a dar un par de vueltas al significado de Urano.

La ocupación de un lugar en la historia.

Además de lo dicho, Urano representa momentos en el tiempo en los que son posibles generar puntos de inflexión excepcionales que luego el devenir histórico irá poniendo en su lugar. Estamos hablando de la ocupación disruptiva de un lugar en el flujo de acontecimientos. Pongamos como ejemplo el caso de Napoleón, que se coronó a sí mismo. Es decir, el Urano astrohistórico nos habla de una actitud que es capaz de interpretar y visualizar la realidad potencial contenida en un momento histórico determinado. Y es a partir de lo atinado de esta interpretación que determinadas mentes visualizan el lugar que deben ocupar, para apropiarse de un lugar y de unas funciones que sólo ellas pueden encarnar. Estamos hablando tanto de individuos como de grupos. A menudo, como sostén de estas acciones, es utilizada una cobertura ideológica o religiosa que sirve como coartada. Es decir, un consenso que actúa inconscientemente. Y es precisamente de la lectura que se haga de este consenso que individuos avezados (y grupos que les secundan, se den cuenta o no) se apropian del momento único, lo diseñan y ocupan un lugar en la historia.

La construcción de la desigualdad.

El otro factor, igualmente relacionado con el ciclo de Urano, es el de la construcción de la desigualdad. Con ello me estoy refiriendo a que cada época de la historia requiere de una actitud creativa, innovadora, arriesgada y disruptiva, la cual interpreta la realidad como posibilidad única para poder ocupar un momento trascendente que puede reportar prosperidad para quienes sepan encarnarlo. Otros individuos, en cambio, pueden no percibir ninguna oportunidad, ya sea porque no es para ellos o porque no tienen la actitud que correspondería. Y así es como vemos que cada época viene investida de unos valores que piden ser encarnados con la actitud que resulte resonante con ellos. 

En cada época histórica hay personas que se suben al tren y otras, en cambio, lo pierden. Por tanto, requerirá que cada persona interprete la realidad de acuerdo a su carácter, intereses, lugar en el entramado social y percepción de los movimientos que estén teniendo lugar. Por tanto, el movimiento astrohistórico de Urano actúa facilitando la promoción a unas personas y negándoselo a otras. Ahora lo explico un poco mejor.

El ciclo de Urano es de 84 años, articulado en base a 12 oleadas de 7 años cada una. Desde el 2010 tenemos a Urano en Aries, que promueve la competición egocéntrica y el individualismo creativo. A partir del 2018 Urano entrará en Tauro -y se estará ahí hasta mediada la siguiente década-. Como Tauro es un signo relacionado con los valores tangibles, con el dinero y con la economía productiva, es de esperar que a partir del 2018 asistamos a acontecimientos que dejarán fuerte influencia sobre el mundo durante lo que queda del ciclo.

Antes del 2010, por poner otro ejemplo, Urano estuvo en Piscis (desde el 2003 al 2010). Fueron los años en los que la economía financiera vivió sin control y alocadamente, hasta precipitarse al vacío, tal y como lo cuenta la película "La gran apuesta". Justamente habla de esos años, en los que del delirio pasamos a la explosión de la burbuja, al crash y a la posterior indignación.

jueves, 23 de junio de 2016

Conflictos humanos y codicia espiritual

El picado de la piedra y el ciclo de 2 años: los conflictos humanos y la codicia espiritual.


Hablé de él en otros artículos de este blog. Me refiero al ciclo que forman las conjunciones entre Marte y Saturno. Se trata de los dos maléficos, según la terminología tradicional. Llevado a un lenguaje más actual, sería algo así como picar piedra, manejarse con el yunque y el martillo o, incluso, dejarse la piel en un empeño que lo valga.

Este ciclo de 2 años suele pasar desapercibido, y más en una época como la actual, atosigados como estamos por otros acontecimientos astrales más vistosos.
Por tanto, pues, recuperemos la importancia de este ciclo, que adquiere una relevancia debido al contexto de incertidumbre y estrés en el que está sumido el mundo.

De alguna manera, el signo en el que acontece cada conjunción define el tipo de esfuerzo requerido. Así, pues, la última habida recayó en Escorpio, en el 2014; la próxima, a partir del próximo agosto, en Sagitario; la siguiente, en Capricornio, en el 2018; y la siguiente, en el 2020, en Acuario.

El ciclo en el que aún estamos, hasta agosto, viene marcado por la conjunción entre Marte y Saturno que tuvo lugar hace dos años en Escorpio. Se trata de un signo crítico y destructivo, cuyo lema es que para empezar a construir primero hay que destruir, para luego de la derrución salvar lo salvable y deshechar lo que tiene que ser deshechado. A partir de ahí, una vez desmontado el sistema, podemos plantearnos qué diseño sería menester antes de empezar a construir. Esta conjunción, cuyo desarrollo estará vigente hasta el próximo agosto, supone un trabajo profundo con emociones poco agradables. Posiblemente sea este el trabajo fundamental: fortalecer las emociones, aprendiendo a vivir en medio de la incertidumbre; poner atención sobre la mente profunda inconsciente, tanto para no dejarse llevar por el delirio optimista infundado como por el miedo a la derrota, a la frustración. Y también, para no dejarse llevar por el pánico de un mundo en descontrol.

El descontrol ambiental es necesario, para lo cual hay que estar experimentando emociones muy implosivas (detonan hacia dentro) o explosivas (especialmente las que vienen de nuestras relaciones con otras personas). Todo ello puede suponer, para quienes sean especialmente sensitivos, una fuerte sensación de estrés con la que habrá que surfear (como si fuera una ola). El resultado puede ser transformador o transtornador, según si el estado emocional es más o menos maduro o inmaduro.

A partir de agosto se producirá una conjunción entre Marte y Saturno en Sagitario, lo cual dará lugar a otro ciclo de dos años. Esta conjunción propone otro tipo de trabajo: el de afrontar prejuicios y esquemas mentales obsoletos. También, acometer la realidad putrefacta (la que ha sido desenmascarada por la anterior conjunción en Escorpio) con generosidad, alegria y humor, procurando superar la tendencia sagitariana al dogmatismo, a la mezquindad y a la codicia espiritual. Esta alegría no va a ser fácil, pues se trata de una alegría que sobreviene como consecuencia de la comprensión y elaboración de lo heredado de los ciclos anteriores. Además, esta alegría, habiéndola elaborado, nos llevará a aceptar la presencia de la muerte (entendiéndola como parte de esa fuerza descomunal que es la vida).
Debo decir que la acción de esta conjunción dará situaciones muy delicadas en lo mundano. Es una conjunción que anuncia grandes peligros y conflictos, con gran confusión y miedo a las pérdidas, al vacío e, incluso, sensación de miedo debido al despotismo y a otras formas tiránicas propias del humano cuando no acepta sus limitaciones. Las conjunciones en signos de Fuego son pro-imperialistas. Por tanto, presenciaremos actos generosos y actos mezquinos.
Como bien se sabe, Sagitario es un signo que guarda mucha relación con España, con su historia, con su actual situación. Es más que posible que esta conjunción conlleve un empobrecimiento de la conciencia de país.

Más adelante, en el 2018 y en el 2020, viviremos las siguientes, que serán crecientemente cruciales. Se da el añadido que en el 2018 Urano y Quirón cambian de signo, lo cual augura cambios mundanos que notaremos de forma muy obvia. Es muy posible que a partir de estas coordenadas, las guerras y los desórdenes que vamos a vivir con el ciclo que se inicia en agosto del 2016 (así, pues, atención al peligroso bienio 2016-2018) empiecen a ser superados a partir del 2018.
La conjunción entre Marte y Saturno del 2020 coincide con una oleada de otras conjunciones, lo cual me lleva a pensar que el 2020 va a ser un año que dejará huella para el resto del siglo.

Los otros artículos son estos:
El ciclo de 2 años y las conjunciones entre Marte y Saturno.
La forja del hierro y el ciclo de 2 años.
Agonía 2016.
Catalunya: 2016-2017.

domingo, 19 de junio de 2016

El Brexit y los Marianos



El 23 de junio los británicos votarán y decidirán si se quieren quedar en Europa o no. Una vez escuchados, Cameron hará unas maniobras. De hecho, el referéndum es una maniobra más dentro de un conjunto de maniobras. Todo ello es una guerra sin cañones, pero una guerra que tendrá como consecuencia una posguerra.

En relación a este referéndum, desconozco la letra pequeña, que la hay. Así, pues, tanto si se da el sí como si se da el no, la UE va a entrar en una vorágine de cambios. El mapa astral que aquí presento corresponde a la puesta en vigor del Tratado de Maastricht. Ahí se ve la afectación actual, realmente fuerte a partir de ahora e in crescendo durante una buena temporada. Por eso decía que el resultado es lo de menos, pues lo que realmente importa es la letra pequeña del contrato. Y tanto la hay -y la habrá- si el Reino Unido se queda como si no se queda. Es decir, Cameron, si se vota seguir en la UE, pondrá condiciones que afectarán a todos los países que forman parte de ella. Y si el Reino Unido sale, también nos afectará a todos.

Entonces, pues, digo yo que si los ciudadanos del Reino Unido votan en referendum sobre su permanencia en la UE, ¿no deberíamos votar todos los europeos, puesto que sobre nosotros van a repercutir sus consecuencias? Esto lo digo por las referencias a un posible referéndum sobre la independencia de Catalunya, que debería, según dicen algunos Marianos y asimilados, ser votado por todos los españoles. Porque si los Marianos consideran que los británicos son soberanos para decidir sobre su futuro, también los catalanes, ¿no?.
Es decir, y esto va dirigo a todos los Marianos Rajoys que en este mundo son: Si ustedes plantean que un referéndum en Catalunya ha de concernir a todos los españoles, según vienen diciendo algunos de ustedes, y que por eso todos deberíamos votarlo, ¿por qué de algo tan importante como es que que el Reino Unido permanezca o no en la UE ustedes no dicen nada al respecto? ¿Es España una nación soberana, tal y como ustedes presumen; o es que ya no queda nada de soberanía y España (y ustedes, Marianos) es un mero títere? Porque si es así, ¿qué sentido tiene mantener con vida a un país institucionalmente insostenible y falsamente soberano?

Ah, y la otra:
En relación a la protección de la biodiversidad. El otro día le pregunté a un amigo que votó al PP y que ahora votará a Ciudadanos:  Si estuviera en tu mano, ¿quisieras evitar la extinción de especies animales? Su respuesta fue sí. En cambio, a la pregunta de qué le parecería que el catalán dejara de hablarse, me contestó que le resultaba igual. Y yo me pregunto: ¿es que la cultura de los pueblos no forma parte de la biodiversidad del planeta?

miércoles, 15 de junio de 2016

Sobre el caso de Barney Thomson


La leyenda de Barney Thomson

Me gusta el cine inglés. Me gusta, por ejemplo, el estilo Monty Python. También, aunque no sean british, el cine de los hermanos Coen; en concreto, por ejemplo, O'Brother o El Gran Lebowsky. Pues bien, encontré que La leyenda de Barney Thomson tiene algo de todos ellos, más algunas otras cosas sumamente originales, incluyendo un paradoja moral que aparece justo al final de la película, y que me llevó a tener la impresión de que en ella hay más perlas.

También soy fan de Robert Carlyle, quien, además de actuar ante cámara, es el director de la película. Por cierto, primerizo en el oficio de dirigir. 

Debo decir que los primeros compases de esta película me dejaron un poco descolocado. Los encontré demasiado histriónicos para el estado de ánimo que yo traía. Sin embargo, según va pasando el metraje la cosa se van poniendo en linea (y yo con ella). El encuentro entre el personaje interpretado por Robert Carlyle y el de Emma Thompson (hijo y madre), cuando ella entra en escena por primera vez, empieza a darle el tono a la historia. Es decir, atención a ellos dos. Por cierto, el registro que consigue transmitir Emma Thompson, verdaderamente inusual en ella, es la clave para la entonación general del film. Parece irreconocible.

Ah, y la historia, que no desvelaré, llena de ironías, de diálogos disruptivos. Insisto en que lo fuerte está en al juego que Robert y Emma se traen, y que La leyenda de Barney Thomson va gustándome más según avanza.

La paradoja final, expresada cuando el embrollo se salda a favor del personaje central, el interpretado por Robert Carlyle, lleva a pensar cómo un individuo con falta de carisma y mala suerte, hasta el punto de ser despedido de la barbería en donde trabaja, pues no gusta como barbero a la clientela ni a sus compañeros, se torna favorable a él como resultas de la popularidad lograda por tan lamentables acontecimientos. Bien, digo lo de lamentables teniendo en cuenta que es una comedia.

Me gustaría mencionar a Ray Winstone y a Tom Courtenay, impagables ambos.

domingo, 12 de junio de 2016

Carol

El director es Todd Haynes, quien me deslumbró con Lejos del cielo, una obra memorable.
Carol es una pequeña gran obra de arte. Lo es por diversas razones. Narra la historia de dos mujeres que se enamoran la una de la otra, en un contexto histórico que no les acompaña. Ahí vemos la lucha de cada una por mantener su dignidad y su fidelidad a si mismas por encima de los prejuicios que imperan, con toda la carga de violencia subrepticia que ello supone. Esta fidelidad a la auténtica naturaleza de uno supone muchas cosas, y todo ello está expuesto en Carol.

Aunque el título alude a una de las protagonistas, Carol, interpretada por Cate Blanchett, me referiré al personaje que interpreta Rooney Mara. Se trata de una mujer que nunca ha tenido nada claro en la vida. La interpretación es un prodigio, y casi diría que el centro de lo que la película explica está justo encarnado en el personaje interpretado por esta actriz.
Decía que no había tenido nada claro en la vida, hasta que aparece Carol y la saca del armario. Pero no solo del armario de la sexualidad, sino de otro que lo es tanto o más limitador. Me refiero al de las clases sociales. Una de ellas está muy bien situada en la vida, con amistades con alto nivel adquisitivo. En cambio, el personaje que interpreta Rooney Mara habla de una una trabajadora humilde. El encuentro entre ambas tiene, pues, estos dos componentes: la sexualidad y la clase social de cada una, con el tema de la mentalidad que ello genera.

Un detalle que me llamó la atención es la diferencia entre los perfiles psicológicos de ambas protagonistas. No parece que se complementen. Sin embargo, aquí está parte de la cuestión, lo cual, por cierto, le da a la película una fuerza extraordinaria, que se revela justo en la escena final, cuando el personaje que encarna Rooney Mara entra en el lujoso restaurante dispuesta a encontrarse con Carol. Se trata de un momento, desde que entra, avanza y se sitúan la una frente a la otra, con una potencia descomunal y que pone al espectador en un trance difícil de explicar aquí.

Esta escena final contiene toda la esencia de la película: la firmeza en las decisiones, la búsqueda del amor contra viento y marea, y un asomo de duda por el tema de la diferencia social entre ambas. El director y la interpretación de Rooney Mara consiguen hacernos sentir que podría haber llegado a darse media vuelta, pero no... sigue y sigue hasta el final. Porque es de lo que trata esta película: de seguir hasta el final.