Karma organizacional

Organizaciones, empresas y comunidades tienen Karma, al igual que las personas. Karma, a parte del significado etimológico, es algo absolutamente necesario para la vida. Nada existiría sin Karma. Es un requisito para la formación de estructuras vitales. Una empresa, por ejemplo, no se hubiera creado de no ser por un Karma que la ha llevado a ello.

Karma es la razón de fondo por la cual se hacen las cosas. Suele estar detrás de los valores que se dicen querer encarnar y de los propósitos conscientes que alientan la toma de decisiones. Karma es el tuétano de las experiencias, a menudo escondido tras lo obvio. Debe ser por ello que nos resulta más fácil hablar de lo que nos proponemos, mucho más que de una misión de fondo -Karma- que nos impele y cuyas razones son más antiguas y permanentes.

Así, pues, Karma es algo tan natural como el aire que respiramos, el agua que bebemos o el suelo que pisamos. Como mínimo hay 84 tipos puros de Karma, los cuales pueden estar presentes por sí mismos o combinados entre sí dando lugar a aleaciones particulares en cada empresa. 
Por otro lado, también podemos ver que ese Karma organizacional es coincidente con el de las personas. De este modo se podría explicar que hay organizaciones que abrazan amorosamente a las personas o, por el contrario, las rechazan, desperdician o mal aprovechan.

Poner nombre al Karma que corresponda con la empresa nos ayuda a percibir cuál es su función real, más allá de los incordios que hasta ese momento pudieran haber estado manifestándose.

Karma es un trabajo de fondo que hay que hacer para que el talento que gira a su alrededor resulte productivo y genere lo que se espera de él.