miércoles, 1 de noviembre de 2017

Puigdemont en Bélgica



Antes de ponerme en el tema de hoy, les propongo que se imaginen que tienen ante sí una gran trituradora. Dispónganse a poner en ella las siguientes etiquetas: izquierda, derecha, centro, delante, detrás, hoy, mañana, pasado, nación, nacionalismo, pasado, presente, futuro, estado, instituciones, grupos, liderazgo, fidelidad, lealtad, traición, acción política, verdad, mentira, etcétera, y todo lo que se les pase por la cabeza, en especial los tópicos a los que solemos acudir para hablar de lo que sucede. También, si se sienten valientes, pueden ponerse ustedes mismos dentro del recipiente. Pues bien, denle al play y se esperan a que todo quede bien triturado. En este caso, si han sido lo suficiente valientes como para dar el paso adentro, nombren una persona que accione el botón y les recoja el contenido. Cuando vean que ya no hay nada por triturar, abran la compuerta (usted o la persona designada). Verán que no hay diferencia entre unos polvos y otros. Es decir, se van a encontrar con un enorme polvo. A continuación, viertan ese polvo indefinido y procuren darle una nueva forma. Para ello, pongan en una palangana un poco de agua, en proporción al polvo resultante, y lo mezclan todo: el agua y el polvo. A partir de esta mezcla, intenten dar forma a cosas, intenten definir objetivos, como si estuvieran intentando crear un golem, y ya verán que no hay nada que hacer, que el polvo con agua se resiste a que se le de forma. ¿Y qué pasará, pues, si no hay manera de atinar con la forma de esa pasta? Pues muy sencillo, señoras y señores, que habrá que vivir con la indefinición, con la incertidumbre, con la falta de desenlaces claros, y con la incógnita de no saber si se está yendo o viniendo, subiendo o bajando, limpiando o ensuciando, confundiendo o esclareciendo. 

Por cierto, y también lo comenté en un escrito anterior, ¿no notan que muchas de las películas que se están estrenando de un tiempo a esta parte no tienen finales o desenlaces claros? ¿Algo nos debe querer decir este detalle? A mi me parece fascinante, que no haya soluciones para nada. O, si lo prefieren, que la solución verdadera sea la disolución de cualquier pretensión humana por etiquetar lo que ya no resulta etiquetable.

Llegados a este punto, y una vez hayan aceptado esta condición, paso a relatarles las siguientes fabulaciones. Como ya les comenté en los anteriores artículos de este blog, he decidido dejar de preocuparme por relatar lo que acontece, o puede acontecer, para dar paso a la fabulación desatada. Las ventajas que le encuentro a fabular, en lugar de intentar explicar lógica y razonablemente la realidad, es que uno se siente totalmente libre, y más habiendo avisado del uso de personas reales transformadas en ficción en estas fábulas diabólicas. A este paso me convertiré en un émulo de Enrique Vila-Matas. Como él en sus novelas, en estas fabulaciones me valgo de personas de la vida real, de las cuales me sirvo para ponerlas en un escenario de posibilidades improbables. Y cualquier día me pondré yo mismo como un personaje más, según el estilo de Enrique. Y haré que pensamientos míos sean pronunciados por personas socialmente relevantes.

Lo dicho, allá voy.

La verdadera razón de la estancia de Carles Puigdemont en Bélgica estriba en que hay una guerra. Es una guerra paralela y oculta. Consiste en que las plataformas de cine on line están dándose de codos entre ellas. HBO, Netflix, Filmin, Movistar, Vodafone, Películas Chingonas, etcétera, andan a mamporro limpio intentando hacerse con los derechos de emisión de una larga serie basada en hechos reales. Estos hechos abarcan desde de finales de los años 80, justo a partir del momento en que Barcelona fue nominada sede olímpica, hasta un momento indeterminado en el futuro. Y es posible que este futuro no acabe nunca, debido al éxito que esta macro serie puede llegar a tener. Para decirlo en corto, la serie en cuestión tendrá inicialmente 155 capítulos que versarán de la historia real del procés que estamos viviendo en Catalunya. Las ganancias de esta serie, de 155 capítulos prolongables a otros 155, irán destinadas a financiar la República de la Catalunya independiente. Y hasta es posible que se puedan financiar otras 154. El pánico de las otras productoras, las que hacen House of Cards o Juego de Tronos, por poner unos ejemplos, está generando mucho susto en el sector de películas y series de ficción, pues ven que la realidad es mucho más fantástica que lo que todo un grupo de guionistas ha sido capaz de urdir hasta ahora en esas series. Y esta es la cuestión en relación a la visita de Carles Puigdemont. Y no hay nada más. Así que, estimados seguidores de este fabulante ambulante, dejen de describir la realidad como si fuese real y fabulen conmigo.
Ah, por cierto, la serie lleva como nombre provisional Puigdemont en Bélgica.

La otra cosa que les quería contar es acerca del cambio que Mariano Rajoy está experimentando en los últimos días. En concreto, ahí lo vemos viendo la tele de plasma que tiene en su casa: está viendo las diversas declaraciones que Vladimir Putin ha venido haciendo en los últimos tiempos: desde aquella en la que soltó que el problema de Europa es la doble moral, a la última, en la que, hablando de los crímenes de Stalin contra sus propios ciudadanos, dijo que nunca más se debería ir contra el pueblo. Lo que vino a decir Putin con esto último es que el pueblo es inocente en relación a lo que hacen los políticos y sus lamentables consecuencias. Y Mariano, que es más listo que el lector medio del Marca, va y piensa que la gestión de la crisis española debe discurrir por otro camino. Sin embargo, él, que es más inteligente que el lector medio del Marca, se ha cuidado mucho de no informar a sus compañeros de partido de estas rumiciones suyas provocadas por el astuto Putin. De este modo, Rajoy se asegura de que las actitudes de estas personas no va a cambiar, mientras él se pone a bailar con la misma música con que baila Carles Puigdemont. Es decir, en el PP empieza a haber un abismo entre lo que dicen los perros y lo que ladran los humanos. O sea: hay algunas personas en el PP que están viéndolo todo venir, mientras mantienen ciegos a sus compañeros, no sea que se note demasiado el cambio de actitud ante los ultras que cada vez más proliferan en las calles.

Por cierto, ¿recuerdan las palabras de Jean-Claude Juncker? Dijo no hace mucho que si Catalunya se independizaba, todos las demás comunidades europeas que se sienten incómodas con su actual estatus acabarían siendo independientes. En concreto, dijo que acabaría la UE compuesta por 98 estados. Y por qué dijo 98 y no 97 o 99, o 100, que es redondo. Pues lo dijo por la debacle de 1898, año del fin del imperio español de ultramar. Por cierto, la independencia de Cuba se firmó en París. No sé si esto les hace pensar en la situación presente. 

Otra cosa sobre la que quisiera fabular es en relación a la creciente proliferación de denuncias de casos de personas que han sido violadas y que, por fin, deciden estirar del hilo y abrir los armarios, sacando de dentro de ellos a las personas que las han violado, y a aquellas que pudiendo haber hecho algo para evitarlo se dedicaron a mirar para otro lado. Todas las transferencias violentas que estas personas han sufrido se trocan ahora en forma de contratransferencias orientadas a poner a cada cual en su sitio. Poniendo a cada cual en su sitio conlleva que, por fin, puede uno ocupar el sitio que en verdad le corresponde en la vida y decidir plenamente y con confianza en relación a sus proyectos vitales.
Por eso les propongo la siguiente reflexión. Lo haré en forma de pregunta: ¿se imaginan que una persona hubiese sido violada sin parar durante 303 años por el amo de la finca patria, salvo algún descanso de vez en cuando, y que ahora, con responsabilidad y plena conciencia de las consecuencias de las decisiones tomadas, decidiera abrir de par en par las puertas de los armarios? Pues bien, trataré de ello en un próxima fabulación. Aunque ya se imaginan de quién les estoy hablando.
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