domingo, 12 de noviembre de 2017

La España que se suicida

La España que se suicida o la maldición de llamarse Felipe, Rey.

Curioso subcontinente ibérico, este en que vivimos, que parece un estanque, aunque no de agua. Parece un pantano con una compuerta difícil de pasar, los Pirineos. Una compuerta que dificulta poder entrar y poder salir. Y en este subcontinente hay un país llamado España, gobernado por familias. Familias regias que empezarían con una dinastía castellana, los Trastámara, pero que luego fue entregado a una familia centro-europea, los Habsburgo. Lo que facilitó el salto de los Trastámara a los Habsburgo fue el matrimonio formado por Juana la Loca y Felipe I el Hermoso, que es quien abre el periodo. Por consiguiente, estamos siendo gobernados por corporaciones multinacionales desde hace bastante tiempo. Últimamente nos quejamos de que nos gobiernan corporaciones de la globalización, pero lo cierto es que el asunto es bastante más antiguo.

El siguiente Felipe, el II, ya en plena era Habsburgo, y fue muy ambicioso. De hecho, con él se llegó al esplendor de la corporación que él representaba y cuyos intereses defendía. Con él aconteció aquella batalla de la Armada Invencible, que facilitó a los ingleses el lugar imperial en el mundo que a partir de ese momento iban a ir ocupando. La ambición puede desembocar en deuda y ruina.

Con Felipe III llegamos al rey al cual le daba igual gobernar. Esta indolencia llevó a que la figura del valido adquiriera importancia. El hombre clave aquí es el Duque de Lerma, quien convenció al rey de trasladar la capital de Madrid a Valladolid, antes, eso sí, de haber adquirido terrenos y palacios, los cuales aumentaron de precio con dicho traslado. Todo muy bien pensado. La capìtalidad en Valladolid duró poco tiempo, para volverla a trasladar a Madrid, eso sí, repitiendo la misma operación especulativa. Como vamos viendo, el espíritu del Duque de Lerma se repite en la historia de España, incluso en la más reciente.

Al llegar Felipe IV nos encontramos con el rey que empieza a perder territorio nacional. Es la época del Tratado de los Pirineos. Sin embargo, el otro hecho por el que se puede elevar a los altares (es un decir) a este rey fue el de haber creado una burbuja financiera (en 1617), incluso antes que aquella de los tulipanes en Holanda (en 1640), para sufragar las pérdidas y las deudas de tanta ambición heredada.

Luego viene Felipe V, un rey francés, que inicia la dinastía borbónica en España. Como ven, vamos de corporación en corporación. Este rey ha generado una huella en Catalunya. La guerra de sucesión generó efectos secundarios que a día de hoy sigue con heridas abiertas.

Y luego, por fin, llega Felipe VI, un rey que lleva un nombre con mal fario. ¿Será este rey quien rompa con la herencia histórica acumulada? ¿Será este el rey que adecente el pantano patrio? Me pregunto en qué estarían pensando sus padres cuando se les ocurrió poner este nombre para su hijo, y eso que ya estaban avisados de lo que podría pasar si se decantaban por este nombre. De momento, a tenor de tantos casos de corrupción y de especulación como hay, parece que la historia está repitiéndose hasta en los más pequeños detalles, ante el pasmo de propios y extraños.

Me he referido en este artículo al suicidio de la España institucional, a través de las deudas excesivas y especulaciones que han ido beneficiando a camarillas sucesivas. Ahora nos falta complementar este asunto de los suicidios con el de las luchas de Caín contra Abel, en este país que parece vivir en un atolladero perpetuo. La orografía y la forma del territorio peninsular nos da pie a pensar que vivimos en una cultura que se enclaustra y se colapsa con facilidad. Me recuerda a aquella serpiente que, cortada su cabeza, muerde su propio tronco, como si este fuera una presa a la que aniquilar.

El desborde de Lilith.

Para quienes siguen el proceso histórico en el que estamos a través de las posiciones astrales, les diré que estamos a punto de entrar en un nuevo trompo a partir del día 13 (y siguientes), con especial intensidad afectando a conflictos calientes (no solamente a España). Este trompo, que empieza en estos días, durará hasta bien entrado el 2018. A parte de los aspectos de Marte a Urano, a Eris y a Plutón, tenemos el factor Lilith, aspectando primero a Saturno, a Pholo y a Mercurio (atención a los días 15, 16 y 17 de noviembre), y luego aspectando a Plutón en Capricornio (a partir del 28 de diciembre y a lo largo de la primera mitad del 2018), puede poner en evidencia la función repetidora que conlleva llamarse Felipe, Rey. O no. Lo iremos viendo en breve.
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