miércoles, 18 de junio de 2014

Los movimientos de la gran serpiente (VI)

En esta breve serie de artículos relacionados con el papel de los ciclos en la vida política, expuse una versión alternativa a los acontecimientos del intento del golpe de estado del 23F de 1981. Con intención o sin ella, aquellos hechos acabaron convirtiéndose en una operación de marketing a favor de la monarquía y, muy especialmente, de Juan Carlos I. Estábamos en 1981 y estaban poniéndose a punto las condiciones para que el PSOE llegara al poder. 

La llegada al poder de Felipe González en 1982 coincidió con la etapa en que Ronald Reagan era presidente de USA y Margaret Thatcher lo era de Inglaterra. Dicho sea de paso, ese año fue el de la gran conjunción Saturno-Plutón, la cual frecuentemente es asociada con el ciclo del neoliberalismo. Por cierto, dicho ciclo acaba en el 2020.

Como iba diciendo, Felipe González llega al gobierno en 1982. Durante esa etapa inicial se llega al máximo nivel en cuanto a interés de los españoles por la política. Luego de ahí llega la llamada "cultura del pelotazo" que, entre otras razones, dio lugar a una creciente desafección política que iba a traducirse, entre otras cosas, en los cada vez más bajos niveles de participación ciudadana en los sucesivos procesos electorales.

De este hecho, del creciente abstencionismo, deduzco que los políticos prefirieron que el pueblo dejara de interesarse por la política. Es a partir de ese momento en que se percibe a las claras que la política es un negocio que no puede ser compartido con el pueblo. Al pueblo, pues, necesita ponérsele en distancia. Que el pueblo sea una insignificante parte del decorado, vamos.

Muy relacionado con ello, aunque debido a aconteceres de fechas más recientes, están las preguntas que me hago en relación al papel de la monarquía. ¿Cómo es posible que siendo el progreso y estabilidad de España la excusa para la restauración y pervivencia de la monarquía , luego, cuando estalla la crisis, se nos diga que lo que está pasando (del 2008 para acá) es por obra y gracia de los mercados? Digo yo, pues, que los gobiernos y los monarcas ya no gobiernan y, además, se sacan de encima las razones del por qué a partir de esos años 80 se fía todo a la acción de los mercados como mejor y máximo regulador de la economía. Reflexiono, pues, y deduzco que los políticos (y los monarcas visibles) no gobiernan. Entonces, pues, ¿cómo es posible seguir pensando que los gobiernos visibles -los que votamos cada cuatro años- puedan tener poder sobre los invisibles -que nunca escogemos ni sabemos a las claras quiénes son y, ni muchos menos, qué planes tienen para el mundo-?