viernes, 13 de junio de 2014

Los movimientos de la gran serpiente (III)

El hijo del rey que no pudo reinar.

Con la abdicación de Juan Carlos I se cierra una etapa en la historia reciente del país. Por si fuera poco, este mismo 2014 han traspasado Adolfo Suárez, procedente del franquismo y artífice de la transición, y Mercedes Salisachs, todo un símbolo de un determinado modo de funcionar de la alta burguesía catalana. También, el juicio a Félix Millet por el caso Palau, del cual se ha celebrado una parte y queda otra que se desenlazará durante el último trimestre del año, es un síntoma de ello. Todo un ciclo de gran duración se está acabando.

En otros artículos ya dejé constancia del final que se avecinaba. En concreto, el periodo que va desde fines del 2013 hasta el primer trimestre del 2015. Lo dejé escrito en "El poder del  39" y "El ciclo de las buenas familias".

Estamos a mitad del 2014 y todavía quedan unos meses para acabar de ver la finiquitación definitiva.

Y ahora me gustaría referirme a un episodio del cual se ha hablado mucho durante este año.

El 23 de febrero de 1981.

El 23 de febrero de 1981 se produjo un intento de golpe de estado en España. Se ha hablado mucho de ello a resultas de la muerte de Adolfo Suárez, con la rememoración de su etapa como presidente del gobierno durante aquellas fechas. Y más aún, con la abdicación de Juan Carlos I y su papel A o B en dicho intento. Digo A o B porque hay interpretaciones en relación a su papel previo a los hechos del 23-F. Una, que sitúa al rey como sujeto pasivo; otra, que lo sitúa como activo. Sin embargo, puede ser C, una mezcla entre A y B con algún añadido. Propongo un relato al respecto:

Cuando Juan Carlos I llega al trono hay una fuerte presión aperturista, tanto interna como externa. España quería modernizarse. Junto a ello también hay un bunker muy potente en las instituciones, en el ejército. Recordemos que estamos en 1981 y que todavía no habían llegado los gobiernos de Felipe González, que son los que encargarían de desmantelar el franquismo incrustado en el ejército. Está claro que sin un intento de golpe de estado que pusiera en evidencia la existencia de este bunker no hubiera sido posible el desmantelamiento que se produjo durante los años siguientes.

Entonces, pues, volvamos a 1981.

Juan Carlos I conoce los movimientos del bunker y los apoya, o hace ver que los apoya. Los militares franquistas, acaso creyendo que el rey les apoyará, se lanzan al escenario. El resultado es que caen en su propia trampa. Finalmente, tras aquellos hechos, que acabaron facilitando la llegada del PSOE, se pone todo en bandeja para que el mencionado desmantelamiento pueda llevarse a efecto. Sin embargo, paradojas, a la vez que todo ello, y ya con los gobiernos de Felipe González, se inicia la recentralización del estado español tras una etapa (1975-1985) en la que el despliegue autonómico había llegado a su máxima expresión. La LOFCA lo dejó bien claro poniendo fin a la descentralización del estado.  Sin embargo,  no fue sino hasta llegar a los gobiernos de José María Aznar que nos empezamos a dar cuenta de esta jugada. Estos hechos, la recentralización, marca el principio de lo que años más tarde acabará siendo la manifestación de los anhelos soberanistas en Catalunya.

Sobre el tema de la recentralización del estado español dejé constancia en este artículo: "Recentralización del Estado español".