viernes, 1 de abril de 2016

La imposibilidad de una solución (y III)

La imposibilidad de una solución (y III).

Todo lo que vengo comentando en esta trilogía tiene una connotación ciclo-astrológica.

Si tuviera que resumir lo hasta aquí expresado, lo diría de la siguiente manera:
No hay solución posible sin transversalizar y globalizar el problema. Es muy posible que haya que llegar al punto de que sean las empresas las que se hagan responsables de los excrementos que el progreso genera. Debe quedar atrás la idea que el estado se hará cargo de ello, pues éste ha ido degradándose con el tiempo y perdiendo poder regulador.

¿Recuerdan la metáfora del tubo de pasta de dientes? Se aprieta todo el tubo, sale la pasta y ya no puedes volver a ponerla dentro. Pues bien, la competencia de las instituciones, como si fuera el tubo de pasta, ha sido vertida sobre el mercado. Entonces, pues, ¿cómo volver a restaurar el poder regulador que tenían las instituciones frente a la voracidad del mercado?


El tubo son las instituciones; y la pasta, nuestros recursos.

A continuación les propongo una cronología de hechos, todos ellos muy relacionados con esta idea:

La primera asemblea nacional francesa, la que da la pauta para el modelo de división de poderes en Europa (algo que ya existía en Inglaterra desde el siglo XVII), coincide con un creciente poder de las empresas en la economía internacional. De hecho, la primera escuela de negocios se funda por esas mismas fechas. Estamos hablando de la segunda mitad del siglo XIX.

La conjunción entre Urano y Plutón, asociada a las protestas del mayo francés, está muy relacionada con la deslocalización de empresas. Es decir, éstas ya desbordan el ámbito nacional. Es la semilla que augura una pérdida del poder de los estados en favor de la empresa privada.

La conjunción entre Saturno y Plutón de 1982 abre el ciclo neoliberal. Este ciclo acaba en el 2020. Es el inicio de la desregulación. Se sitúa a medio camino entre la supresión del patrón oro (1971) y la caida muro de Berlín.

En 1988 se funda Al Qaeda coincidiendo con la conjunción entre Saturno y Urano. Esta conjunción marca el inicio de la gran oleada conspiracionista. Curiosamente, la creación de EStado Islámico, ya en el 2014, coincide con un quincuncio entre Saturno y Urano (entre otros aspectos).

La caida del muro de Berlín de 1989 coincide con la conjunción entre Saturno y Neptuno. Este hecho ofrece al capitalismo y al mundo del dinero alas para volar más alto. En 1989 es cuando se establece el Consenso de Washington, que contiene el diseño de lo que el mundo es hoy.

En el 1993 se produce la gran conjunción entre Urano y Neptuno, que coincide con la firma del Tratado de Maastricht y el inicio del ascenso de China al nivel de potencia que ahora es.

En 1999 se produce la conjunción entre Quirón y Plutón, de la cual trataré específicamente en el próximo artículo.

En el 2000 se formó la conjunción entre Júpiter y Saturno, que coincide con la implementación progresiva del euro, entre otras cosas. Este ciclo es determinante para la economía. Dura 20 años. Se exingue en el 2020, un año que aparece lleno de incógnitas y posibilidades.


Quisiera indicar un acontecimiento determinante, y que servirá para anunciar de lo que voy a tratar en el próximo artículo:

Me refiero a las conjunciones entre Quirón y Plutón. Por lo general, los aspectos de conjunción entre Quirón y los planetas lentos guardan relación con fallos sistémicos, que pueden estar calificados como estropicios que los poderosos aprovechan para obtener y acrecentar su influencia. Debo decir que estos fallos (especialmente los relacionados con las conjunciones Quirón-Plutón) pueden tener algo de intencionalidad malévola. Trataré de explicarlo en el próximo artículo.