viernes, 6 de diciembre de 2013

El Ciclo del Conspiracionismo



El ciclo conspiracionista.
x Jesús Gabriel
un astrólogo de Barcelona

La vida es movimiento, tanto en lo físico como en lo psíquico. Las actividades humanas también se mueven según ciclos. La sociedad y la historia, también. No es que las cosas se repitan en lo literal, pero sí en los contenidos, en las emociones, en las visiones. Las aspiraciones de las colectividades humanas, encarnadas en los líderes respectivos, también experimentan movimientos rítmicos. 
La vida avanza y no sabemos a dónde nos quiere llevar. Sin embargo, según lo podemos constatar, vamos experimentando el devenir cíclico según puntos de inflexión que se reparten a lo largo del ciclo entero. Es como si un ciclo tuviera repartido su área de influencia en el tiempo según señales que van formando simetrías y analogías.  Si unieramos todas ellas entre sí percibiríamos una geometría, una armonía, una cadencia, un nacimiento, un auge, una plenitud, un declive, un final y una vuelta a empezar.

El conspiracionismo es cíclico.

Las conspiraciones existen desde hace mucho tiempo. Van variando en el estilo según va pasando el tiempo, según la cultura, etcétera. Todo aquello que detenta poder es conspirable. ¿Y quién conspira, se preguntarán? Conspira quien puede, claro. Conspira quien quiere coaccionar al poder existente, quien quiere ocupar su lugar, quien quiere desplazarlo. O incluso, también, puede conspirar el poder existente contra sí mismo para evitar que otros aspirantes emergente se hagan con él.

Junto con los actos conspiracionistas surgen sus principales colaboradores, los conspiranoicos. Parece que fueran emisarios de la verdad, orientados a derribar la mentira, el engaño, la corrupción. Sin embargo, la conspiranoia es una franquicia del conspiracionismo. Se señala al árbol caído como causa de nuestros males; se señala cuando está caído, para que todos lo miren. Mientras tanto, nuevas facciones se apresuran a tomar el poder cuando la atención está puesta en el punto en donde la franquicia señala.

Es posible que conspirar sea una necesidad per se. Es decir, primero fue la conspiración y luego el motivo al cual se le señala como su provocador. Es decir, conspirar es un instinto previo a la existencia del poder como tal. Así, pues, el poder es la consecuencia de la actividad conspirativa.

Ahora mismo tenemos una oleada conspiracionista-conspiranoica. La tenemos a nivel global, nacional y local. Y hasta en casa, también.
Conspiran los partidos políticos contra ellos mismos. Conspiran los mandatarios contra sí mismos. La opacidad salta por los aires y a la incompetencia se le ven las vergüenzas. Y es en estas que el conspiracionismo acecha con una agudeza muy fina. Esta agudeza también es cíclica.

La oleada de la cual les hablo forma parte de uno de esos puntos de inflexión. En concreto, del gran ciclo Urano-Plutón, el ciclo conspiracionista por excelencia, ahora estamos en el primer cuarto de hora. La hora en punto quedó marcada en los años 60, cuando Urano y Plutón formaron la conjunción. La conjunción es como cuando las dos agujas del reloj están juntas. En esa década, la aproximación creciente entre Urano y Plutón se inició coincidiendo con el asesinato de John F. Kennedy y acabó con los de Robert Kennedy y Martin Luther King. Después de esa década, el ciclo va prosiguiendo su evolución hasta el año 2104, fecha en la que se dará inicio a uno nuevo. Entre medio, formas figuras geométricas cuyas aristas están repartidas armoniosamente a lo largo de todo el ciclo.

Así, pues, nos vemos envueltos durante casi toda esta década por una ola conspiracionista.
¡¡ Feliz década conspiracionista !!

Ah, antes de que se me olvide, la actividad conspiracionista-conspiranoica, además, bien pudiera ser energía libidinal que no ha encontrado vía a través de una sexualidad sana. De ahí que la conspiranoia sea un intento de obtener recompensa,  una desviación de su propósito mondo y lirondo inicial.

También, cómo no, el conspiracionismo es una forma alrededor de la cual gravita la cultura, el marco mental colectivo, etcétera. O, si lo prefieren, el conspiracionismo, junto con sus franquicias conspiranoicas, es una forma de que el poder siga estando en las mismas manos.