miércoles, 12 de diciembre de 2012

Patologías políticas: Edipo en Catalunya.

No necesariamente un país que quiere ser independiente necesita argumentar sus razones de acuerdo a un pasado histórico. Sólo sabiendo quién es y qué necesita para desarrollarse debería ser suficiente.

Patologías políticas: Edipo en Catalunya.


A resultas de la entrada anterior, un lector me inquirió acerca de mi supuesta aversión hacia los partidos políticos, argumentando que con ello yo estaba lanzando un alegato en contra de la democracia. En concreto, me preguntaba yo en ese escrito, cómo es que varios partidos políticos pueden estar defendiendo la misma idea. En otras palabras: sobran partidos y faltan plataformas de participación. Falta transversalización y conciencia de lo obsoleto que se ha quedado todo. Puesto que ya hace tiempo que las ideologías cayeron, y los partidos han dejado de tener su razón de ser, nos haría falta pensar cómo articular la relación entre instituciones y personas.

El lector, por otro lado, me indicó que es bueno que existan varios partidos políticos que defiendan las mismas ideas, pues así se vigilan mútuamente. Ello me llevó a pensar que los partidos existen, según eso, debido a: defensa de unas ideas, desconfianza entre ellos y, añado ahora, creación de algunas ventajas extra-políticas y extra-ideológicas, que son las que dan lugar a las corruptelas que todos conocemos. Es decir, que los partidos forman parte de un modelo de negocio que está más allá de los postulados que dicen defender. Y ésta podría ser una de las razones por las cuales hay tanto arremolonamiento con respecto a introducir listas abiertas,  pues ello conllevaría abrir los armarios y mostrar su fondo.

Dicho esto proseguiré con una línea iniciada relativa a describir patologías políticas, vicios y virtudes que están por igual en las personas, en las organizaciones en las que participamos y en los países en los que vivimos. Dedicaré esta entrada a Catalunya, mi país.

Saturno en Catalunya.

Lo estrecho, lo angosto, la lucha, la falta, la ausencia, la resistencia, la conmemoración de la derrota como celebración de la identidad. El anhelo de un retorno a un origen milenario, como si la dignidad de ser y la independencia misma no pudieran sostenerse sin los avales de la historia. Hay un Edipo infiltrado que necesita matar al padre para poder ser él mismo. O un Peter Pan, que se resiste a madurar, pues en la inmadurez se sueña con poder serlo todo, pero, ay, el proceso de independencia obliga a discriminar, disciplinarse, cohesionarse y soltar toda fantasía para facilitar que los sueños puedan ser sometidos al crudo filtro de la realidad.

También, cómo no, la sensibilidad ante lo injusto, ante las invasiones, las agresiones externas, la percepción aguda de lo intruso. La autoprotección, el cierre defensivo-agresivo. La ira contenida revertida en forma de preocupación por la pervivencia, la existencia, el trabajo.

El mundo de los símbolos, la religiosidad laica, el esoterismo, la magia, la intuición, el inconsciente ancestral, el grupo, la cooperación, la lealtad de clan. La vinculación profunda y oculta, a menudo percibida desde fuera como exclusiva o excluyente -incluso por los propios paisanos-. La inclusión o exclusión tajante del otro. Un lado paranoico que necesita de la violación o traición del otro para poder ser.

La astralidad de Catalunya.

Si extendemos una mapa astral encima de lo que todavía es España, veremos que sobre Catalunya se posaría el signo de Escorpio. Esa descripción hecha en el párrafo anterior responde a ello.

Y qué casualidad que Saturno, el planeta de las angosturas, frialdades y recortes haya llegado a Escorpio. Él representa la toma del poder, la maduración, la responsabilidad. Ahí va a estar durante dos años y medio, justo el tiempo que Catalunya necesita para plantearse muy seriamente su destino. Así, pues, momento para profundizar en las verdaderas motivaciones, sacándose de encima todo sentimentalismo, para alcanzar la mayor cohesión posible, pues la forma del paso que se va a dar dará lugar a una influencia de muchos años.

Ah, y la paranoia, también, saquémosla. Si acaso, que el paranoico sea el otro, mientras nosotros haremos bien en ser impecables y respetuosos con quien no esté de acuerdo. Eso sí, con la persistencia debida de acuerdo a objetivos tan cruciales.

Por cierto, y antes de que se me pase por alto, el caso Banca Catalana sucedió en el anterior paso de Saturno por Catalunya