miércoles, 14 de diciembre de 2016

La Comuna, de Thomas Vinterberg

La comuna.

De Thomas Vinterberg nos gustó La Celebración, por poner un ejemplo de hace 20 años, o, más recientemente, La Caza. Por lo que veo, a Thomas Vinterberg le interesa poner en claro los repliegues más oscuros de la existencia humana. En concreto, todo lo disfuncional que puedan tener los actos humanos cuando son interferidos por emociones procedentes de antiguas disfuncionalidades (valga la redundancia). Es decir, en el cine de Thomas Vinterberg se plantea lo difícil que resulta intentar que el orden y la racionalidad predominen sobre el emerger de los trapos sucios en la convivencia humana. O lo que es lo mismo, lo que nos plantea es si es posible que con la racionalidad puedan superarse los traumas o experiencias frustrantes del pasado. O sea: ¿podría ser que la aspiración a la dicha racionalidad sea una forma de idealización del comportamiento humano? ¿y no podría ser que esa idealización sea la madre del cordero de todos los actos disfuncionales?

La Comuna narra el empeño de un grupo de personas por convivir juntas. El punto de partida lo protagoniza una pareja divorciada que aún cree que puede revivir su amor por la vía amistosa. Tienen una hija adolescente y viven en una gran casa de la cual no quieren prescindir. Debido a lo cara de mantener que resulta, deciden hacer un llamamiento para que otras personas puedan alojarse en la magnífica vivienda. Y esta es la historia narrada en La Comuna: la de un proceso de aclimatación de esas personas en un hábitat privado. Sin embargo, aunque cada cual es un cosmos en si mismo, el peso de todo gravita en la imposibilidad de llegar a la armonía por la vía fácil. Es decir, sacrificios y renuncias.

Debo decir que La Comuna no añade elementos disruptivos en relación a las películas anteriores de Thomas Vinterberg. Más bien es una vuelta de tuerca en relación al tema de la convivencia entre humanos. En concreto, me interesó de La Comuna el tema del respeto por los propios límites. Es decir, sobre si el nivel de autoconocimiento y el amor por el prójimo son suficientes como para aceptar determinadas circunstancias, el propio aguante ante lo que uno cree que es posible y resulta que es imposible, la presencia de otros (incluyendo aquellos que son percibidos como rivales, con intención o sin ella de serlo) y la tolerancia ante las contrariedades emocionales.


La Comuna le interesará al espectador que no conozca el cine de Thomas Vinterberg, como forma de empezar. También, para quien guste de las buenas actuaciones. A remarcar en este sentido la interpretación de la mujer protagonista, encarnada por una grandiosa Trine Dyrholm. También, y es de justicia nombrarlo, la del hombre, encarnado por el actor fetiche de Vinterberg, Ulrich Thomsen.