jueves, 11 de febrero de 2016

Quirón y la política (IV)

Quirón y la procrastinación de los políticos.

El político procrastinador, puesto que vive de ello, provoca un conflicto a partir de su tendencia a eludir la toma audaz de decisiones. Se cobija en supuestas lealtades, algunas de ellas ocultas o incomprensibles hasta para él mismo. Por decirlo con pocas palabras, el político se debe simultáneamente a su ambición, a la lealtad a las conveniencias del partido que le apoya y al ciudadano del que dice actuar en su nombre. Lo malo es que entre estas tres cosas hay una gran incompatibilidad, lo cual hace que la política, tal como dice Beppe Grillo, haya acabado siendo una enfermedad mental.

Entonces, pues, como el político tiene una gran necesidad de protagonismo y notoriedad, acaso para tapar su falta de poder real -o para justificar el sueldo y las subvenciones que recibe-, lleva a sectores de la ciudadanía a tomar partido por él a sabiendas de que él no tiene en su mano la posibilidad de encarnar o facilitar lo que él mismo propone en sus discursos. En otras palabras, el politico procrastinador lleva a la gente que dice representar a que encarne el conflicto que luego él no será capaz de resolver.

A la conclusión a la que llego es que la actitud del político parece estar orientada más a impedir que a facilitar.