martes, 16 de febrero de 2016

La privatización del Estado (I)

• La aniquilación de España o la privatización del Estado (I).
• El final del Estado-Nación y el surgimiento de las Mega-Regiones. 
• La importancia del ciclo de 172 años.

El Estado español apenas influye sobre el 40% de la actividad económica del país.Y parte de ese 40% está influido o coaccionado por el mercado, por la oligarquía global y demás factores. Es decir, del 60% restante el ciudadano no tiene capacidad para escoger o influir a través de las instituciones que dicen representarle.
Todo esto viene a cuento de lo que vengo explicando en la serie de artículos que he titulado con los nombres de "la conspiración de Capricornio" o "la conspiración de Libra", los cuales pueden econtrar pulsando en las etiquetas que encontrarán al final de este texto.

Por si alguien piensa en la posibilidad de restituir la soberanía que al ciudadano le fue arrebatada para dársela a eso que llaman mercados, para neutralizar y hacer reversible el proceso de desregulación que se ha estado poniendo en práctica, la democracia liberal -el Estado, las instituciones- no es suficiente. Es más, es el eslabón más débil, pues la acción política requeriría de un nivel de audacia y agresividad que el sistema no permite, pues se ha vuelto burocrático e ineficiente hasta la exasperación.

A partir de esta hipótesis podemos llegar a la conclusión de que las formas democráticas, al menos tal como funcionan actualmente, no sólo no pueden retornar el poder que cedieron ante los mercados sino que, de tan burocráticas en que se han convertido, son su garante. Es decir, la política sirve al mercado, está subordinada a él. Cualquier otra apariencia que se quiera dar -promesas al pueblo, limitación de la desigualdad, reducción del paro, discursos, etcétera- es mera impostación.

A la otra conclusión a la que se puede llegar es que estando el poder en manos de forofos tecnócratas y capitalistas que ahora se proclaman compasivos o filantrocapitalistas, la economía, lejos de ser un reflejo real de la oferta y de la demanda, se parece más a un Estado bolchevique que a lo que debería ser. La dictadura del mercado, que podríamos decir.

Si Stalin se reencarnara, lo haría a través de algunas de las formas que acabo de esbozar, pues vería como gran parte de su concepto de Estado está ahora siendo puesto en marcha por empresas privadas que se benefician de la confusión democrática y de la falta de liderazgo de los Estados.
Stalin, y demás dictadores, de estar reencarnado hoy, sería un oligarca, no un hombre de Estado, pues éste es insuficiente. Hoy en día tiene más poder un fondo de inversión (hedge fund) que varios Estados juntos. Stalin sería hoy un Hedge Fund.

Alguien podría pensar que estoy apostando por una dictadura. No, pero tampoco estoy contento con las formas aberrantes de funcionamiento de eso que llaman parlamentarismo. Política y democracia han acabado convirtiéndose en una versión actualizada del pan y del circo.

La otra alternativa, improbable a todas luces, sería que el mercado, por propio interés, cediera a las instituciones algunas atribuciones reguladoras (o re-reguladoras) a cambio de obtener algunas ventajas que no me atrevo a nombrar.

Oligocracia y Estado.


Los Estados se mantendrán en pie, aún con deuda soberana, si ello sirve a los intereses de la oligocracia. Es decir, que los Estados tengan como única función ser los policías del sistema. Una policía, claro está, al servicio del dinero. Sin embargo, si la burocracia que lastra a los Estados-Nación resultara incordiante para tales intereses, la oligocracia optará por la creación de mega-organismos (el TTIP, por ejemplo) combinado con la creación de entidades locales más productivas y menos burocráticas (las mega-regiones). 

La connotación astrológica.

Gran parte de lo que acabo de narrar está relacionado con el ciclo sinódico ligado a las conjunciones entre Urano y Neptuno. La última de ellas tuvo lugar en 1993. La próxima, en el 2165.