lunes, 8 de febrero de 2016

Quirón y la política (III)

Quirón y el sistema social y político.

A través de rumiaciones que hice del mito de Quirón llegué a la conclusión de que nuestras vidas giran alrededor de una herida fantasma, y que el sistema se mantiene en pie mientras esta herida no cicatrice, ni se toque, ni se cure, ni se reconozca como pilar de la convivencia social y colectiva. La razón está en que la mayoría de profesiones que tocan el tema de lo intangible -desde la religión a la política, pasando por la psicología, etcétera- existen gracias a este hecho. Estas profesiones, y lo que las rodea, son formas de vida que no consienten ser desarticuladas, pues generan muchos puestos de trabajo (y, por lo tanto, modos de vida). Por lo tanto, en la medida en que generan una identidad, son ellas las que procuran que la herida se mantenga presente.

Es por esta herida que el humano necesita vivir en comunidad -un espacio mental colectivo con un ágora en el centro a través de la cual expresar necesidades y obtener ayuda por parte de la vecindad-. Sin embargo, el ágora ha sido intervenida por estas mafias profesionales. Es decir, el activismo comunitario, que podría transformar y restituir el sentido primordial del ágora, no interesa a estas profesiones, las cuales fundan su razón de ser en que el problema continue.
Por algo será que a las profesiones, la política entre ellas, que tratan con lo intangible se les llama solucionistas.

Así, pues, un político debe su existencia a estos hechos. Desde esta perspectiva, político es quien trata de escenificar los anhelos que se expresarían en el ágora procurando que el pueblo le transfiera a él lo que a todas luces es imposible, pues la única manera de hacer una revolución comportaría que el pueblo debería reapropiarse del ágora, ese espacio mental que cedió a los profesionales de lo intangible.

La idea de que un cambio es posible en un ágora intervenida convierte al anhelo en una mercancía más que se disputan los partidos politicos, los medios de comunicación, los banqueros, los economistas, los abogados, los psicólogos y demás profesiones que trafican con lo intangible.