domingo, 29 de marzo de 2015

El gran triunfo de la astrología

La astrología ha vuelto a renacer. Ahora mismo, por ejemplo, es reconocida públicamente como nunca antes. Una prueba de ello es que tanto las neurociencias como la física cuántica defienden lo astrológico sin darse cuenta. Sin embargo, y aún con todo ello, es el astrólogo el que ya no pertenece al espíritu de esta época.

El gran triunfo de la astrología.



La astrología y los astrólogos tuvieron su época de oro, antes del advenimiento del racionalismo y de la ciencia positiva y de la consiguiente fragmentación en especialidades inconexas. Ahora, sin embargo, lo astrológico triunfa de una manera inaudita.

En tiempo pasado, la conexión entre Cielo y Tierra era tan obvia que a nadie se le ocurría ponerla en duda. Más adelante, con la eclosión de la racionalidad, empezamos a darle la espalda a lo obvio para entregarnos a ese nuevo paradigma, que fragmentó el conocimiento holístico en especialidades no holísticas. Antes de ello, la filosofía y la religión eran la madre. Luego, sus hijas -la psicología, la sociología, las ciencias, etcétera- se emanciparon y vieron crecer su propio ego. Tanto es así, que la cantidad de conocimiento creado por el enfoque científico-racionalista obliga al estudioso a especializarse en el fragmento escogido. De algún modo, la modernidad nos ha llevado a fraccionarnos. Y cada fracción ha ido creando visiones parciales que han dado lugar a gran profusión de datos.

Hoy, tras la eclosión de las neurociencias, de la física cuántica, por ejemplo, una concepción holística surge (o, más bien, resurge) para darnos a entender que el sistema nervioso humano está conectado con el sistema nervioso colectivo; que en lo que en cierto ámbito funciona como onda, en el otro contexto funciona como partícula. Lo cual es como decir que lo que en el sistema solar son los planetas, en el contexto humano son los órganos del cuerpo y de la sociedad.

Se podría decir que el paradigma astrológico -lo que es arriba es abajo- ha resurgido y está triunfando. Sin embargo, ay, los astrólogos ya no forman parte del espíritu de nuestro tiempo, en el que el fraccionamiento del conocimiento ha generado un ego para cada especialidad. Este ego no lo conlleva el conocimiento sino los intereses de cada tinglado académico humano, que vive a expensas de esta fragmentación.

Hoy en día, si sumáramos lo que dice un neurocientífico con lo que dice un astrofísico y un físico cuántico, nos daría lo que en el mundo antiguo sostenía la astrología.