miércoles, 1 de abril de 2015

El suicidio de Europa

El suicidio de Europa y los pilotos que nos gobiernan.


Sigue reverberando entre nosotros la tragedia del avión de Germanwings estrellado en Los Alpes. Percibimos la muerte, la pérdida y la acción suicida como un Todo. Luego, intentamos tomar este Todo y diseccionarlo en partes, acaso para digerir mejor el hecho. Nos compadecemos de las familias y nos interrogamos acerca de los por qués de la patología del piloto. También nos podríamos preguntar cómo es posible que una empresa supuestamente rigurosa en la selección de personal se le puede haber escapado que uno de sus pilotos haya resultado ser un suicida capaz de matar matándose.

Dicho esto, plantearé los hechos como si fueran un sueño interpretable, o una metáfora. La vida es sueño, dicen.

El piloto suicida bien podría ser el traslaticio del gobernante europeo. El avión mismo es Europa, me refiero al proyecto que quedó consignado en el Pacto de Maastricht, bajo comando de Alemania. El pasaje es el pueblo.
En la escena están los médicos, los forenses y los psiquiatras, que tratan de definir qué tipo de patología sufre el gobernante. Hablan de un transtorno que tiene antecedentes. Es posible que comenten acerca de la sociedad en que vivimos, que hace tiempo yace enferma o zombi, incapaz de reaccionar ante las barbaries políticas y financieras que ella misma consintió y que ahora se ve incapaz de controlar.
En algún lugar veo a alguien, una vez sucedido el accidente, que se lleva las manos a la cabeza, acaso pensando cómo es posible que una empresa alemana haya podido contratar a un piloto con tan poco rigor. Me pregunto yo, pues, si esta falta de rigor es habitual en la élite de las empresas, de la sociedad, de los gobiernos. ¿O es que vivimos en un descontrol de fondo, por más que los poderes públicos se afanen en hacernos creer lo contrario?

También me pregunto cómo ante la tragedia, cualquier tragedia, incluso las de índole económico, como el caso de las consecuencias de las estafas bancarias y las de las corrupciones políticas, buscamos culpables concretos cuando es el sistema el que aúpa a psicópatas o permite que personas con ambición transtornada se pongan al frente de una responsabilidad cuya gestión puede afectar negativamente sobre cientos, miles o millones de personas inocentes.

La actitud del piloto podría tildarse de ambición incolmable que ha degenerado en desesperación, ante la cual ya sólo cabían acciones tan incomprensibles como la de la de llevar a la misma desesperación a las víctimas y a los familiares y allegados de éstas.

Espero que este mal sueño sea indicio de algo que ya ha pasado, o que lo sea de una proyección del inconsciente en forma de pesadilla; que no sea premonitorio, vamos. Porque si este sueño es una premonición, un aviso, nos espera un tiempo de órdago.