viernes, 18 de abril de 2014

Lilith y el suicidio.

La astro-psicología del suicidio: un acercamiento a Lilith.

por Jesús Gabriel

La Lilith astrológica señala el derecho a no querer estar aquí. Todos llevamos esa posibilidad en mayor o menor medida. La ubicación de nuestra Lilith, su posición natal y sus aspectos, indica hasta qué punto podemos estar a gusto con las condiciones y circunstancias vitales. Dicho de otro modo, con nuestro modo de vida y con nuestro modo de vivir esas condiciones.

Por lo general, si Lilith no está excesivamente pronunciada, la tendencia a no querer estar podrá ser contenida y administrada con cierta facilidad. Es decir, nos resultará factible encontrar motivaciones para seguir estando en el aquí y en el ahora. En cambio, cuando la Lilith está muy acentuada, el registro que emerge es que la vida se hace insoportable, o que la gestión que uno hace de sus circunstancias convierte a éstas en insoportables. Es por ello que una Lilith fuertemente aspectada, especialmente por los planetas lentos, nos la encontramos en personas extremadamente sensibles, tanto como para que puedan degenerar en patologías mentales.

Esta sensibilidad puede llevar a que algunas personas lleguen a manifestar conductas suicidas, ya sea para poner fin a sus días o suicidando, boicoteando, sus emociones. Es decir, esta sensibilidad, de tan difícil que es manejarse con ella, lleva a la persona a alejarse de aquello que quería tener a su lado, hasta acabar, por el contrario, por atraer la fatalidad a su vida.

Una Lilith muy pronunciada lleva a una vida errónea, con conductas erróneas y desenlaces fatales.

El asunto de fondo, de lo cual hablé en los artículos anteriores, es que el humano no acepta la vida enteramente. Quiere modificarla de acuerdo a una visión que tiene de ella. Le da miedo su propio telurismo, el suyo y el de la vida misma. También, cómo no, en las emociones, que tampoco las acepta plenamente. No aceptamos que llevamos la base genética de un animal depredador.

Como no aceptamos la animalidad de nuestras emociones, éstas provisionalmente son maquilladas, por obra y gracia de eso que llaman educación, o marginadas en depósitos psíquicos. Sin embargo, un día explotan y lo que estaba guardado se vuelve incontenible. Es entonces que aparecen todas las rarezas que hasta ese momento parecían están guardadas en el armario.