lunes, 7 de diciembre de 2015

Del Neoliberalismo al Neoactivismo (2)


Del Neoliberalismo al Neoactivismo (2)

Estados y personas en el Nuevo Orden Mundial.



La Conspiración de Capricornio es una revolución orquestada por las clases corporativas para ejercer un control total del mundo. La pasión por el poder se regenera y amplifica en proporción a cuantos más medios se tienen, y se tienen muchos y cada vez más. Por alguna razón, a las élites les parece necesario concentrar este poder, provocando la liquidación de una parte de la pirámide. Estoy hablando, pues, de que hay una operación de aislamiento y blindaje, lo cual quedaba hasta ahora paliado por la existencia de clases medias y un ascensor social, el cual ha quedado parado desde hace unos cuantos años.



A partir de estos hechos podemos reflexionar acerca de cuál es el papel de los estados en el Nuevo Orden Mundial. A por ello, pues.



a.- El estado debe competir con las empresas. Para ello necesita ser tan rentable como ellas. Mal asunto, pues eran los estados los que estaban disponibles para procurar por los ciudadanos lo que las empresas no suelen hacer.

Este estado competidor no garantista necesita empequeñecerse, para poder ganar en agilidad y así poder moverse con la facilidad de una empresa. Es decir, los estados irán soltando competencias a favor de empresas, dando lugar a un nuevo paradigma que afectará a los funcionarios. Por ejemplo, los recortes en sanidad que afectan a los usuarios son sólo un preámbulo para que el personal sanitario pase de funcionario a empleado. El resultado de todo ello es que el paciente acabará siendo atendido por oligopolios formados por los restos del estado mezclados con empresas privadas. Y lo mismo puede pasar con el resto del funcionariado público. Es decir, el estado se fragmenta y suelta sus fragmentos. A cambio, el estado, pactando con el mercado, al cual cedió gran parte de la soberanía financiera que tenía hace unas décadas, volverá a tener ciertas competencias reguladoras. Es decir, vamos a un mundo más regulado en lo financiero y menos regulado en cosas que hasta ahora estaban aún reguladas.



b.- La otra alternativa es un estado emprendedor capaz de abrir vías que las empresas no serían capaces de asumir. Este modelo sería bastante parecido a la relación que tiene el Estado chino con las empresas. Sin embargo, esta opción obliga a los estados, en relación a las empresas globales, a ser mucho más fuertes de lo que ahora son. Igual que la opción anterior, mal asunto, pues el mercado tiene demasiado poder. Debería ocurrir algo verdaderamente audaz para darle un giro a esta tendencia.



c.- Otra opción es crear mega-estados que lleguen a tener tanta o más fuerza que las mayores empresas, lo cual conllevaría multitud de problemas de gobernanza, incluida la exclusión social de grandes masas de población. Es decir, los mega-gobiernos ya no gobernaran los pueblos sino sólo para una minoría. El resto deberá habérselas con lo que les quede, lo cual facilitará el emerger de una nueva cultura colectivista. Un ejemplo de esta opción sería el TTIP.



Estas opciones requerirán de élites corporativas muy conscientes de lo que se traigan entre manos y de las consecuencias que ello genere. Es decir, en cualquier caso el escenario va a suponer que las instituciones del futuro inmediato sólo van a gobernar para una porción muy selecta de población. Y para el resto, las migas de pan.



Todo ello nos llevará a una conclusión: los grupos sociales que se sientan excluidos de la macro-gobernanza deberán apañárselas para hacerse notar, para tener voz,  para ocupar escenarios locales y globales, para que sus intereses sean tenidos en cuenta. Lo que quiero decir con ello es que no hay que esperar a futuras contingencias que sirvan de detonante, sino, más bien, de lo que estamos hablando es de que la energía que hemos gastado en ser individualistas la hemos de reciclar para convertirnos en individuos que trabajan comunitariamente.