lunes, 14 de diciembre de 2015

Alumina y el grado 12 de Escorpio


Alumina y el grado 12 de Escorpio. El sentido insatisfecho de pertenencia.

Por lo general, como hago con todas las tomas homeopáticas, procuro no informarme para qué sirve ni a qué perfil mental corresponde el medicamento en cuestión. Siento que la homeopatia es un pozo sin fondo y que todo lo que hay escrito sobre la materia médica es tan sólo la punta de un iceberg. Por eso prefiero hacer las tomas sin dejarme condicionar. Por lo general, cada medicamento genera una información a nivel mental. 
La mayoría de veces, cuando he hecho tomas con otros medicamentos, esta información acaba llegando a los pocos días. Con Alumina, sin embargo, todo lo que llega parece escaparse. Me está costando descifrar la información, que seguro la hay. Por eso es muy posible que Alumina tenga relación con información sutil que no quiere ser desencriptada, como si se tratara de un registro oculto sumamente resistente a toda indagación. Posiblemente remueva memorias profundas, complejas, viejas lealtades, viejos temores, aprehensiones de origen desconocido, sospechas que se despiertan en relación a las supuestas intenciones de los demás.

Sin embargo, y ya que la información no la veía por dentro, vino desde afuera. La respuesta a mi búsqueda llegó a través de un proceso de coaching que compartí con dos personas que respondían al perfil de Alumina. Fruto de la pertinente observación es que llegué a una determinada conclusión, que expongo a continuación.

Pulsión y propósito. 

En la persona caracterizada por Alumina hay un propósito por mantener ocultas ciertas pulsiones, lo cual impide que se muestren claramente la nobleza de miras de tanto ella como de las personas con quienes comparte espacio vital. Es decir, Alumina disfraza, maquilla o suplanta determinados anhelos de encuentro profundo con los demás. Puede hacerlo, por ejemplo, a través de formas religiosas, espirituales, filosóficas o psicológicas. Sin embargo, el asunto reside en la idealización de este hecho. Entiendo que en Alumina duerme el anhelo por un mundo mejor imposible, y que esta imposibilidad, por otro lado, está encarnada en los demás en un nivel muy profundo y abstracto. Es decir, la persona Alumina es vulnerable a la mezquindad y egoísmo de los demás, tanto más en la medida de su idealización. Es decir, espera un mundo sano, equilibrado y altruista que nunca acaba de darse. Probablemente se trate de alguien que preferiría vivir separado, aislado y protegido de las actitudes mezquinas con las que fatalmente se encuentra (mientras sigue anhelando ese mundo mejor imposible). Por eso, cuando Alumina trata de defenderse, maquillando la realidad, aunque sea pensando en ese mundo mejor, fracasa. Y de ahí viene la sensación de ser agredido. La decepción, cuando se produce, es vivida violentamente. La persona cree que la decepción que experimenta forma parte de un propósito intencionado por parte de los demás. O si no intencionado, teme volver a ser agredida por quienes siente atracción. La fragilidad es alta; tanta, que uno podría sucumbir todos los días a ella. Todos los días hay peligro de experimentar como violación lo que es simple egoismo por parte del otro. Ante estas situaciones, la persona Alumina oscilará entre reclamar su dignidad o vivir sumisamente ante lo que es percibido como abuso. Y todo ello vivido con una gran violencia interna, la cual puede afectar tanto al estado de la psique como al bienestar físico.

El propósito de la persona simbolizada por Alumina, más que seguir defendiéndose sin llegar a sentirse protegida, es procurar tener claras las propias limitaciones, pues una persona así tiende a vivir más en los demás que en sí misma. Así, pues, el drama de Alumina es no poder vivir una relación con otra persona en la que ver reflejados y satisfechos sus anhelos más abstractos y profundos. Entonces, cuanta más frustración por la falta de complicidad, he aquí la paradoja, más se refugia en una abstracción que resultará incomprensible para los demás. Y tal es su intensidad, que si apareciera alguien que mereciera la confianza incondicional éste no entendería la complejidad del mundo interior de Alumina, llegando a confundir su anhelo de amor con engaño y manipulación. Es decir, tomaría la complejidad de la persona Alumina como si fuera un pantano de aguas movedizas, que te atrapa y te engulle en proporción a la necesidad de complicidad y reciprocidad amorosa.

Posiblemente el asunto de origen sea una sensación de pertenencia insatisfecha. Es decir, la persona vivió situaciones, acaso en un remoto pasado, en donde no pudo ver consumado su anhelo de sentirse abrazada o incluida en el mundo de los seres queridos. Por tanto, lo que necesita Alumina es ser querida. Sin embargo, y aquí está la cuestión, su nivel de desconfianza es tan alto que cuando alguien se acerca y es percibido como portador de amor puro, la tendencia a idealizar el encuentro acaba traicionando la posibilidad de satisfacción. Por tanto, pues, Alumina es como un pez que se muerde la cola, o como un escorpión que se mata a si mismo.

Si hubiera que plantear un trabajo específico relacionado con Alumina este sería el de la concentración, ya que la tendencia es a ir a buscar el amor en situaciones sobre las cuales uno mismo acabará matando o muriendo. Cuando hablo de concentración lo digo en el sentido de buscar una actividad que le centre a uno y que no le lleve a dispersarse en situaciones sobre las cuales no obtendrá satisfacción sino, más bien, desilusión. Y por lo que uno mata o muere es precisamente por la frustración a la que está expuesto.

El individuo Alumina es sentimentalmente hipocondríaco, lo cual alimenta el bucle de la insatisfacción y de la susceptibilidad. Entonces, pues, el trabajo sobre el que tomar conciencia consiste en un retorno a la concreción, para salir de la tendencia a dar a los afectos humanos más trascendencia de la que realmente tienen. O dicho de otro modo: salir de las arenas movedizas creadas por la mente no dominada, procurando re-educarla hasta convertirla en una herramienta fiable y justa.

El grado 12 de Escorpio.

La resonancia de Alumina es sobre el grado 12 de Escorpio. Este grado describe una psicología basada en la sospecha, como si la persona fuera un agente secreto que hubiera recibido un encargo de perseguir a asesinos, criminales, corruptos, falsificadores, etcétera. Quizá sea por ello que Alumina es un investigador que atrae lo que investiga multiplicado por dos y sin control. Si no es consciente de ello, la persona queda expuesta a todo tipo de engaños, tensiones y somatizaciones. De algún modo necesita un clima de paz, en donde las tensiones no obedezcan a asuntos sobre los cuales no tiene ningún control. Es decir, procurar no exponerse a promesas que no se cumplen.
Este grado, además, genera propensión a vivir clandestina o furtivamente los deseos amorosos, ya sea por activa o por pasiva. Es decir, tendencia a engañar al otro, por temor a ser egoísta y resultar rechazado, o, justo por la misma razón, dejarse engañar por el otro por temor a que recelar de él estropee la relación. También, y por la misma razón, a enzarzarse en malos entendidos. Por tanto, tenemos la traición como factor clave de este grado. Uno es traicionado, uno traiciona, uno se traiciona a si mismo.
Una forma de defensa es mediante la impostación intelectual o racional. Es decir, la persona parece haber desarrollado explicaciones para todo -en relación a si misma y en relación a la idea que tiene hecha de los demás-; incluso mediante formas paranoicas de comprensión que lo que hacen es dar pie a que se repita la falta de complicidad y apoyo de la que tanto se queja. 
Por tanto, la propuesta de Alumina y el grado 12 de Escorpio gira en torno a concretar y ceñir el conocimiento en base a la experiencia real y limitada, en lugar de estar saliéndose por la tangente de las emociones y quedar así expuesto a situaciones decepcionantes. También, quitar la importancia que se le da al vínculo con los demás, rebajando la idealización y procurando el conocimiento compasivo y sin sentirse obligado por ello a cargar con miserias que no ayudan a nadie.