jueves, 25 de julio de 2013

El Mito de la Procrastinación

Aplazar indefinidamente lo que uno podría estar haciendo lleva a que todo en uno se vuelva anacrónico, que uno nunca esté en el lugar adecuado, o con las relaciones adecuadas, perdiendo oportunidades y dejando que la vida se le escape; también, que lo que uno hace, como forma de eludir las decisiones importantes, se vuelva estéril y sin sentido. Es como si uno no estuviera en donde quisiera poder estar. Al final uno llega a no saber nada de lo que realmente le motiva, perdido como se está en actitudes estúpidas.
Perder el tiempo, con remordimiento y culpa inconscientes, es una forma de morir en vida o de dejar que todo propósito auténtico se pudra. Procrastinando, uno da más importancia a presiones parásitas que a objetivos esenciales. El abandono de lo mejor de uno no hace ningún bien a la sociedad y provoca enfermedades.
 
La Procrastinación según Quirón.

Procrastinar es dejar para más adelante algo que podría hacerse ahora. A menudo, el asunto en cuestión puede referirse a algo doloroso o a algo placentero, tanto da. Se trata de un abandono en toda regla, acaso como respuesta a un abandono cuya raiz puede estar en la infancia. En cualquier caso, la procrastinación es miedo a afrontar situaciones importantes, postergando su desarrollo o dejándolo en manos del azar o del desorden. No es que haya un descuido. Se trata, más bien, de un miedo profundo. El bienestar personal queda en entredicho con este tipo de actitudes. El miedo al fracaso redobla la frustración.

La procrastinación tanto puede ser referida al tiempo, al mal uso del tiempo, a su desaprovechamiento por miedo al fracaso, por confusión, por indisciplina. Esta es su versión más habitual. Sin embargo, también puede referirse a la relación con el espacio. En este caso, y pongo un ejemplo, puede tratarse de alguien que tiende a enamorarse o a dar más crédito a las relaciones con personas con las que hay mucha tierra de por medio. Alguien que se compromete con quien no comparte el espacio cotidiano; alguien que no se compromete con las necesidades del momento presente; alguien que prefiere compartir su intimidad con personas lejanas.

Este procrastinador interior tiene su relato en la leyenda mitológica referida a Quirón. Aunque, todo hay que decirlo, el Quirón mítico inspira al Quirón astrológico. Es este último el que más explícitamente habla de la procrastinación. Lo vemos en la posición por Casa, en sus aspectos con otros planetas, en los encuadramientos de los que forme parte, etcétera.

Lo curioso del caso es que la mayoría de políticos tienen en su mapa natal a Quirón relevante en cuanto a aspectos, especialmente con Saturno y con Mercurio. Lo cual no quiere decir que quienes lleven a Quirón fuerte en su mapa deban tener actitudes de político, aunque sí políticas. Y, más que políticas, cívicas, que es como decir responsabilidad sistémica. Quirón da un gran sentido de trascendencia social. Por tanto, se trata de personas muy miradas en cuanto a su impecabilidad personal, por aquello de que ello repercute socialmente. También hay que decirlo, la falta de impecabilidad hay un momento que no puede contenerse y aflora como enfermedad, como fallo o como desinterés por el civismo (o por lo cívico).


A continuación reproduzco el párrafo que habla de ello, de la procrastinación. Está en las páginas 102-103 del libro "Quirón. Viaje alrededor de un sentimiento herido".

Procrastinación y aplazamiento. La procrastinación es la quintaesencia de la expresión quironiana en la edad adulta. Literalmente significa “dejar para mañana”, pudiendo referirse a la ejecución de una decisión, emprender una actividad, expresar un sentimiento,...... y todo ello en medio de un tormento interior dado que la persona no desea posponer conscientemente esos deseos. Se podría decir que el problema no es el aplazamiento en si mismo, sino su por qué. A menudo, el procrastinador tiene una fuerte voluntad de seguir adelante con sus propósitos, y sin embargo se opera una resistencia tan fuerte como el propio deseo en el que se ampara. Posiblemente tras esta lucha puede haber un trauma infantil consistente en expresiones o facultades del niño que fueron censuradas por padres o maestros. La mezcla entre el deseo de expresión y la posibilidad de encontrarnos con una censura genera una lucha interior que no es otra cosa que una variación de la ambigüedad quironiana. En este caso, la lucha entre materializar un deseo y la consiguiente resistencia interna genera una retroalimentación que impide la clara percepción del verdadero móvil. Incluso podría suceder que la persona llegase a proyectar sobre su cuerpo el campo de batalla anímico que bulle en su interior. Se podría decir que la procrastinación es dolor por lo que uno quisiera hacer y no osa hacer. Cuanto más intenso es el deseo, más resistencias pueden aflorar. La única solución es cortar con la espiral colocando la tiranía de la voluntad del Ego en un segundo plano. Sólo así será posible escuchar el propio cuerpo y todo mensaje que provenga del inconsciente. Perdonarnos a nosotros mismos por lo que no nos atrevemos a hacer (pudiendo hacer) nos permitirá obtener una clarificación resolutoria que ayude a restituir la fluidez emocional. Conquistada la paz interior, obtendremos la sinceridad y la honestidad que nos llevarán a comunicar en cada momento lo que sintamos. La ansiedad asociada a la procrastinación proviene de una retención emocional fruto del temor al rechazo o la censura. Se podría decir que el procrastinador utiliza inconscientemente la pereza como mecanismo de defensa, aunque esta utilización conlleve una mayor sensación de fracaso. La tendencia a retrasar estérilmente las cosas trae como consecuencia tensiones internas que podrán ser somatizadas. En este sentido los aspectos de Quirón nos indicarían la virulencia de la somatización, y los planetas afectados señalarían sobre qué funciones corporales se proyectaría el conflicto interno.