domingo, 10 de marzo de 2013

Lo mínimo que se puede decir

Esta semana acudí a la presentación del libro de Raimon Obiols a la sede de la Fundación RBA. El libro se llama "El mínim que es pot dir" -Lo mínimo que se puede decir"- y tiene trazas autobiográficas. La presentación fue un diálogo entre él y la periodista Cristina Puig, quien le iba haciendo preguntas. Me llamó la atención que una de ellas, la que hacía referencia a los deshaucios y al movimiento liderado por Ada Colau, fuera respondida, si es que se puede llamar así, siguiendo la conversación iniciada con motivo de la situación política italiana. Cristina lo dejó correr, y de Ada Colau y de los deshaucios no se insistió con ninguna otro intento de pregunta. A parte de eso, Raimon Obiols demostró ser un hombre de ideas fijas. Su capacidad para el diálogo está muy limitada, según lo vi, entre otras cosas, debido a ello. En fin, estos políticos, tan lejos de la realidad que dicen defender y tan metidos en sus propios negocios o carreras profesionales.

En un escrito anterior, referido al partido del que forma parte Raimon Obiols -El PSC en el sistema solar-, hice hincapié en la importancia que tiene el modo en que fue fundada una organización, un partido político en este caso, para su devenir posterior. El PSC fue fundado en 1978, en un momento histórico muy intenso. Se salía de una dictadura y la incipiente democracia estaba eclosionando. Se legalizaron viejos partidos políticos, que estaban en la clandestinidad, y se crearon otros. En cualquier caso, muchas de estas organizaciones han servido para apuntalar las carreras profesionales de personas con ideas en relación a la sociedad. También, cómo no, han servido para que personas que hubieran sido totalmente grises y mediocres en cualquier otro sector hayan encontrado acomodo, y nunca mejor dicho, en la opacidad con que funcionan los partidos. Y yo creo que el gran mal de la sociedad española es ese: no se vive la política como un acto de servicio sino como un modo de vida en el que apoltronarse. Esto último lo cito como el mejor de los casos. De la corrupción, por obvia, prefiero no hablar.