sábado, 2 de marzo de 2013

Feudalización del mercado laboral

¿Vamos hacia una feudalización de oportunidades laborales?
A vueltas con el ciclo de 172 años.


A resultas de la crisis sistémica actual, en algún otro post de este mismo blog comenté que a menudo se relaciona el ciclo de fundación, expansión, plenitud y declive del capitalismo con los movimientos de Plutón en su recorrido por los diferentes signos. De ello se deduce que a la que Plutón llegue a finalizar su tránsito en el signo final, Piscis, el capitalismo estará disuelto y presto a convertirse en otra cosa cuyo nombre será dicho en su momento. Sin embargo, y puesto que muchos atribuyen al capitalismo las lacras de la humanidad, debo decir que buena parte de ellas ya existían desde hace miles de años. Es decir, no son tanto atribuibles a un sistema económico temporal como a determinadas cualidades relacionadas con el montaje social de la vida humana. Así, por ejemplo, existió la esclavitud -y sigue existiendo de muchas maneras, algunas muy maquilladas-, la desigualdad, las clases sociales, etcétera, desde que el humano dejó la condición nómada que le era habitual para pasar a ser fundamentalmente sedentario. Eso y el establecimiento de la propiedad privada es todo uno. Así, pues, el sedentarismo empezó a generar la complejidad del sistema humano, con sus pirámides y sus multiniveles sociales.

La propiedad privada contiene el gen de lo que luego iban a ser las desigualdades, el blindaje de las clases favorecidas... y, si mucho me apuran, la clave que favoreció el paso del animismo al politeísmo y, más adelante, al monoteísmo.

Sigamos. A parte del ciclo de Plutón, clave para percibir el devenir de un determinado sistema económico y social, el otro ciclo importante es el sinódico que forman las conjunciones entre Urano y Neptuno. A este ciclo le corresponde la tarea de articular los cambios sociales, los cuales se dejan ver, por ejemplo, en el cambio de influencia, en cuanto a peso, de los estados-nación a las ciudades. La importancia del estado-nación fue propia del ciclo Urano-Neptuno que arranca en 1821, el cual, como todos los ciclos, también contiene la secuencia: fundación, expansión, plenitud y declive. El actual ciclo se inicia en 1993 y supone un cambio que apunta a la ciudad-cluster, más que al obsoleto estado-nación. Lo vimos, por ejemplo, en el modelo de negocio que supuso la organización de los Juegos Olímpicos de 1992, en donde la iniciativa mixta compuesta por empresas privadas y públicas ha dejado establecido un modelo que va a ser cada vez más importante, siguiendo la dinámica propia de un ciclo -"fundación, expansión, plenitud y declive"-.

Y no es que ello no ocurriera antes. Lo importante no es tanto la novedad sino que el modelo cluster se está ramificando sistemáticamente. Se está fractalizando. Para quien no sepa lo que es, un cluster es como un trust, un feudo o nodo de gran influencia social. Y acaso, también, un lobby encubierto. Este modelo supone relaciones de confianza que personas y empresas establecen para proteger sus intereses. Así, pues, si una persona talentosa quiere situarse en un buen nicho de mercado, únicamente con el talento no le va a resultar suficiente. Lo importante, además de ser distintivamente bueno, es estar lo más posiblemente cerca de un feudo. Lo importante de la pertenencia a un cluster social viene dado por la creciente disminución de la oferta de trabajo. El paro crece y el trabajo de calidad tiene demasiados aspirantes. La clusterización o feudalización del trabajo es una forma de blindaje que da lugar a nuevas aristocracias laborales, con sus señores feudales, escuderos, vasallos, mercenarios, siervos, bufones de corte, artesanos de nuevo cuño, relaciones clientelares, capillas, catedrales, acólitos, etcétera. Estas nuevas concepciones del trabajo se acercan bastante a lo que podría ser una congregación multinivel.

El ciclo anterior: 1821-1993.

En 1821, en tiempos de la anterior conjunción, se temía que la revolución industrial redujera el número de puestos de trabajo disponibles. Prueba de ello fueron las protestas de los obreros, que destruían las máquinas o se negaban a trabajar con ellas. Desde la conjunción de 1993 está pasando lo mismo, solo que la máquina infernal de ayer es hoy una tableta adorada por todos. Lo que se temía en 1821 hoy no se teme, y esto es lo curioso.
¿Estamos dando todos de comer a la precarización del trabajo humano en favor de la digitalidad cultural que nos anonada?

Así, pues, pónganse al alcance de un feudo, un cluster, un multinivel, un paraguas protector, si quieren tener un trabajo de calidad. O, si lo prefieren, una redarquía, que es un nombre que encierra muchas cosas y que tanto puede ser una congregación laica como una escuela de negocios o una feligresía.

Conclusión.

El capitalismo, aunque se disuelva y acabe dando lugar a otra cosa, ya está dando pie a que lo que todavía es innominado, el futuro sistema económico y social, asegure la pervivencia de las élites y la estructura en clases de la sociedad. Recordemos que el sistema humano es piramidal desde hace mucho tiempo, y que las élites saben de ciclos muy mucho. Por eso están en lo alto.