sábado, 9 de enero de 2016

El TTIP y la Conspiración de Capricornio


El TTIP, el ciclo del capitalismo y la Conspiración de Capricornio.

¿Es el TTIP una forma de burocracia controladora al servicio de una élite, como lo ha sido la Iglesia Católica, los Estados-nación de la modernidad, los grandes organismos transnacionales, como la UE; o como lo son, por ejemplo, ciertos aspectos del mundo de internet, que suplanta y subvierte la relación entre humanos; o, también, la política y los políticos, que parece que más que servir al país lo que hacen es aportar más impedimentos y burocracia mental, además de la que ya hay?

Se está hablando mucho estos días del TTIP, con un movimiento popular en contra y numerosas dudas que el tema plantea. Sin embargo, voy a procurar ser neutral en este asunto. Es decir, ni de derechas ni de izquierdas, ni a favor ni en contra de la libre empresa, ni estatista ni no estatista.

Tan sólo una reflexión en relación a un proceso que no es nuevo en la historia:

Cuando se formaron los reinos, dejando atrás el feudalismo local medieval, se instituyó una forma de poder ciertamente globalizado, a través de tratados que imponían un orden mayor. Luego vino la formación de los imperios y de los estados. Luego de estos últimos, la UE, por poner un ejemplo, la cual aspira, y ya lo vemos, a imponer normas que trasciendan las de los estados. Así, pues, entiendo que la creación del TTIP es la continuación de esa misma lógica.
Algunos dicen, y con razón, que el TTIP creará tribunales privados orientados a proteger a las grandes corporaciones. Sin embargo, como podemos ver a lo largo de la historia, la esfera de lo público y la esfera de lo privado han estado en trifulca desde que existe el ágora. O dicho de otro modo: en el mundo de las instituciones públicas (orientadas a regular lo común) se entremezclan los intereses de las empresas privadas (con prioridad por el lucro). Lo vemos, por ejemplo, en la calle, que los negocios privados inundan y coaccionan el espacio de todos. En realidad, la diferencia entre lo que es público y lo que es privado parece ser tan sólo semántica. El espacio público está lleno de intereses privados, incluyendo los de cada cual.

Ahora trataré de argumentar a favor del TTIP. Yo, que me siento de izquierda y, por tanto, estatista, aunque valoro el espíritu emprendedor de los empresarios nobles, entiendo que el TTIP es la consecuencia lógica de la desregulación. De este tema, de la desregulación del capital y de la deslocalización de empresas, ya he tratado en artículos de este blog. El asunto es que como los estados han quedado desbordados por los mercados -recordemos a Juan Carlos I, cuando explotó la crisis, diciéndonos que la cosa era de los mercados-, los mismos estados deben crear macro-estructuras con las que hacer frente a la anarquía del mercado. Es decir, y sigo la palabra de los economistas, algunos de los cuales reclaman que hay que regular, que si hay un mercado que se ha hecho demasiado grande y complejo como para poderlo contener, habrá que crear formas tanto o más mayores y complejas. Es posible que este sea el camino que se está emprendiendo con el TTIP. Como todos los ingenios humanos, y más en cuanto a asuntos económicos, políticos y sociales, la mayoría suelen generar efectos secundarios que pueden ser peor que el problema que se trata de solucionar. Es decir, el nivel de competencia que se requeriría es demasido alto para la complejidad alcanzada. Es decir, el TTIP no funcionará tal como se pretende, por la sencilla razón de que ninguna solución está funcionando. Por otro lado, el humano, cuando su nivel de competencia no satisface el ideal de servicio público, suele volverse más egoísta y partidario de lo que es suyo. O, dicho de otro modo: el humano, a partir de cierto nivel de complejidad, y ya hace mucho que este nivel se superó, se vuelve proporcionalmente incompetente.

Sin embargo, y a pesar de esta humilde y subjetiva opinión, el TTIP (u otro invento) saldrá adelante. Y hasta es posible que el euro-dólar se convierta en la moneda de referencia definitiva, desplazando definitivamente al euro y al dólar. O el yuan, justo después.

Paso página. Ahora quisiera referirme a cómo será el mundo de la micro-economía, aunque lo trataré más adelante en otro artículo. Es decir, a lo que serán nuestras vidas durante el ciclo capitalista. Sin embargo, doy unas pistas:

-    Paradójicamente, el mundo capitalista favorecerá y facilitará el comunismo (+-) y la cooperatividad.
-    El mundo del dinero dará paso al mundo de las relaciones.
-    Las cooperativas darán paso, junto a los clusters empresariales, a una nueva era feudal (+-).
-    Los estados ejercerán la tarea de control de las oligarquías.
- Las oligarquías corporativas ejercerán funciones que hasta ahora estaban en manos del estado.


Bueno, si lo miramos bien se ve que no va a haber nada nuevo en el fondo. Tan sólo habrá cambios en la semántica, en las formas de explicar las cosas, a través de nuevos conceptos, en la narrativa. Aunque el capitalismo caiga, la desigualdad seguirá como hasta ahora, pues viene de mucho antes de que el sistema capitalista hubiera sido bautizado con ese nombre.

Este artículo viene a cuento de la próxima conjunción entre Saturno y Plutón en Capricornio en el 2020. Esta conjunción pondrá fin al ciclo neoliberal iniciado en 1982 y servirá para fijar las estructuras de gobierno propias del siglo XXI. Es decir, la fusión entre lo privado (la empresa corporativa) y lo público (las instituciones estatales).
De ello seguiré tratando en el siguiente artículo.

Nota:
Para quien le interese ampliar conocimiento en relación al TTIP y otros tratados, les recomiendo el monográfico de Le Monde Diplomatique correspondiente a octubre de 2015.

O también, en internet, en el blog de David Soler: