domingo, 4 de noviembre de 2012

La habitación de Escorpio

La muerte mueve lo que la voluntad no alcanza a mover.


Saturno en la habitación de Escorpio.

Mientras iba recorriendo la exposición que hoy acaba en la Fundació Antoni Tàpies, centrada en los últimos años de la vida del artista, y debido al relevante tema que muestra, se me ocurrieron unos comentarios muy a tono con el paso de Saturno por Escorpio (2012-2014).

Saturno es un anciano, la sociedad misma dándose cuenta de su propia obsolescencia. Al llegar a un signo pone en evidencia la caducidad de los actos humanos. Sin embargo, nosotros hacemos de lo caduco cultura, lo cual puede llevarnos a vivir en contradicción entre la velocidad de los tiempos que corren y nuestra propia inercia. El caso es que cuando Saturno llega a un signo de agua, como es el caso, pone de relieve algo tan esquivo y sensible como son nuestras defensas. Los signos de agua, entre otras cosas, son defensas. Una de las formas con que éstas se perciben es mediante la opacidad, no obstante a los signos de agua se les denominaba signos mudos. La mudez nos defiende y la mudez, por otro lado, nos hace vulnerables al grito. Es decir, son signos fácilmente agredibles, o que se sienten fácilmente agredidos.

• Las defensas relacionadas con el signo de Cáncer giran alrededor de la pertenencia a una familia, clan o congregación. 
• Las defensas relacionadas con el signo de Escorpio se manifiestan a través de una forma agresiva o paranoica de reivindicarse a uno mismo, a menudo con una idea fija acerca del funcionamiento hostil del mundo. Con el paso de Saturno por Escorpio lo vamos a presenciar con una mayor conciencia de sus efectos devastadores.
• Las defensas relacionadas con el signo de Piscis están relacionadas con la huida de la vida mundana y el encuentro de cobijo bajo formas espirituales o intangibles.

La posición de Saturno en estos signos actúa como contrapeso de dichas tendencias. Incluso puede actuar frustrando el intento defensivo.

He aquí la reflexión de la cual les hablaba al principio:

Los elementos que componen la personalidad están hechos de residuos de viejas defensas. Seguramente ahora no sirven para gran cosa. En todo caso, para paralizar, estorbar, impedir. Son como adiposidades que se inscrustan en el carácter proyectando sobre él una sombra que le resta luminosidad.
Ahora, cuando las circunstancias nos piden cambiar, nos encontramos con el gran lastre de los pellejos que otrora nos sirvieron para protegernos de las inclemencias, pero que ahora, ya habiendo pasado todo, siguen ahí impidiendo el cambio. Es así como vemos que aquello que habíamos estado calificando como obsoleto en la sociedad no era otra cosa que un reflejo de nuestra propia obsolescencia.