jueves, 27 de agosto de 2015

Dos gotas malayas

Recuerdo que en el 2003, antes de que Pascual Maragall saliera escogido President de la Generalitat, Arcadi Calzada, conocido militante de CDC, dijo que sería el ex-alcalde de Barcelona quien acabaría ocupando el cargo. Hay que decir que la lista más votada fue la de CDC, y que el convenio del tripartito llevó a Pascual Maragall a ser President. Artur Mas tuvo que esperar dos convocatorias electorales para llegar a la presidencia, aún formando parte de la lista más votada.

Esta anécdota dice mucho del rasgo común que tienen tanto Artur Mas como Pascual Maragall. Son dos gotas malayas.

También recuerdo, en el 2003, antes de que tuvieran lugar las elecciones, en un debate convocado por La Vanguardia, un encuentro entre ambos aspirantes. Yo los veía y percibía un nivel de complicidad muy alto. Tanto, que yo me preguntaba cómo es que ambos no están en el mismo partido. A partir de ahí empecé a pensar hasta qué punto las afinidades personales pueden tener más peso que las afinidades políticas de cara a pasar un testimonio que, como estamos viendo, está haciendo historia.

Y todo esto lo digo para lo siguiente:

Parecidos razonados entre Pascual Maragall y Artur Mas.

Como decía, ambos son gotas malayas. Ambos han venido a poner un punto sobre la i. O, más bien, el acento.
Me refiero a que, por poner un ejemplo, ambos se han propuesto poner en evidencia cómo funciona el gobierno español en materia de derecho a autodeterminación. Es decir, por si hubieran dudas, ayudar a que se vea cuál es el estilo de los gobiernos de Madrid. A diferencia de Jordi Pujol, que también es una gota malaya, aunque su propósito fue encubrir a esos gobiernos, para que ésos mismos gobiernos lo encubrieran a él. El caso de Jordi Pujol, por todo lo que se ha venido diciendo de un año a esta parte, fue obra y gracia de un consentimiento en el que participaron todos los políticos que asumían tareas de gobierno, tanto los del PP como los del PSOE. En ese consentimiento colaboraron todos.

Vuelvo al asunto:

A partir de que Pascual Maragall accede a la Presidència de la Generalitat es cuando se planteó la reforma del Estatut, la cual fue cepillada y tumbada. Alguien se podría preguntar cómo es posible que los dirigentes catalanes de aquel momento hayan podido plantear una reforma que se sabía que iba a ser tumbada. Pues muy sencillo: para poner en evidencia las contradicciones del gobierno de Madrid.

Luego, ya con los gobiernos de Artur Mas, el asunto vuelve a dar otra vuelta de rosca. Y ahí tenemos a la vista más capas de contradicción. Es decir, poner a la vista las debilidades y contradicciones del adversario es justamente lo que se está haciendo. De momento, todavía no, al menos, aún no se ha cruzado ninguna línea roja. Para ello, habrá que esperar a ver qué sucede a partir del 27S: si se llega a la linea roja o bien seguiremos explorando contradicciones.

Debo decir que esas contradicciones y debilidades no son únicamente para poner en evidencia a los gobiernos de Madrid sino, además, a los políticos catalanes. Una situación así requiere de un nivel de coherencia inaudito. Y eso es lo que comprobaremos a partir del 27S.

La actitud de gota malaya, como decía, ayuda a poner evidencia contradicciones en ambos lados. Y hasta tal punto las pone, que podríamos decir que el enemigo puede estar entre los que se dicen amigos. Es decir: el peor enemigo de quien defiende la unidad de España puede ser él mismo. Y así tal cual con quienes defienden la independencia. Entonces, pues, la forma de defender un ideal puede llevar al ideal a buen puerto o al naufragio.

Lo que acontezca a partir del 27S puede suponer:
a.- una mayor coherencia, tal que permita plantear pisar definitivamente la linea roja.
o b.- proseguir la labor catártica de poner en evidencia que la unidad puede estar siendo amenazada por las contradicciones de los actores políticos, los de aquí y los de allí.


Tiempo al tiempo.