sábado, 2 de mayo de 2015

¿Quién quiere la independencia de Catalunya?



Literal o metafóricamente, el requisito de toda revolución es que haya muertos y mártires.

¿A quién le interesa la independencia de Catalunya?

El proceso que se vive en Catalunya aún no ha atravesado la línea roja. Digamos que las pruebas que unos han puesto sobre otros, y viceversa, aún no ha generado ningún cambio. El gobierno español sigue funcionando como lo venía haciendo. Y las dinámicas de los partidos políticos, también. 
Los cambios aún no han llegado. En estos momentos se tiene la sensación de que los pocos avances que ha habido pueden derivar hacia cualquier dirección. E, incluso, que podrían reversibilizarse. Es decir, ir hacia ningún lugar.
Entonces, pues, si los cambios aún no han llegado, y todo parece girar sobre sí mismo, ¿qué puede pasar a partir de un cierto momento?

Se me ocurre, además, otras preguntas colaterales:
Habida cuenta de la situación que se destapará en el 2016, ¿será posible mantener el estado de las autonomías, con tantas duplicidades que generan gastos? ¿se recentralizarán las competencias de las autonomías? ¿serán abolidas?

Bien, es posible que algo de ello ya esté ocurriendo, desde hace más tiempo del que parece, y que la única manera de que ello no ocurra, la recentralización, sea proponiendo la independencia por parte de aquellos que tengan claro un proyecto de futuro que así lo requiera.

Entonces, pues, una pregunta:
¿Quién quiere la independencia de Catalunya?
La puede querer el pueblo catalán; la pueden querer, además, todos aquellos españoles que perciban que el proceso independentista, al margen del resultado a que dé lugar, pueda provocar cambios profundos en la tradición absolutista de los usos y costumbres de la política española. Es decir, que aunque prefieran mantener la unión española vean como un hecho positivo y catártico la presión independentista, siempre y cuando esta presión se mantenga congruente y decidida. Es decir, que, aunque prefieran mantener la unión de la nación española, vean como un hecho positivo el proceso independentista en la medida que actúa como provocación.

¿Y por qué alguien que no es independentista puede querer que el proceso siga adelante?
A parte de por las razones indicadas, vemos que, aún con la crisis y el descontento social, no hay un movimiento obrero fuerte, ni un movimiento anarquista, ni una izquierda solvente. Hay propuestas muy dispersas, eso sí.
Así, pues, la situación que se atisba en el horizonte es el puro caos. Y ante este caos, la que gane será la opción que manifieste orden, coherencia, solvencia y unidad de acción. Es decir, quien se sepa mover mejor en el caos y en la incertidumbre y no cambie de estrategia según sople el viento.

En el próximo artículo de este blog trataré del posible desarrollo de los tiempos finales del estado español, al menos en lo referente a la relación entre Catalunya y España.

3 comentarios:

Vicente Salinas dijo...

Todo y que el análisis parece bastante acertado, hay un error en cuanto a lo de las líneas rojas.
La cuestión es que esas líneas rojas no están en el mismo lugar para unos que para otros, son demasiado arbitrarias. Y, aunque desconozco donde se sitúan esas líneas rojas para la mayoría de pensamientos españoles, pero desde Catalunya, el gobierno y el Tribunal Supremo, ya las han superado con demasiada holgura. Puede ser que la ciudadanía catalana no sea totalmente homogénea en ese punto de vista, pero tampoco se vislumbra en el horizonte un cambio suficiente en los vientos que llegan desde Madrid y, poco a poco, hasta los más moderados han empezado a ver la Independencia como la única opción de supervivencia. El único temor es el de arrastrar a una parte demasiado importante de esos mismos elementos retrógrados que están haciendo tanto daño a los ciudadanos de Catalunya.

Salvador Mas dijo...

El fondo del movimiento de liberacion nacional de algunas de las naciones del estado español está en la usurpación de la naturaleza de España por parte de la supremacista Castilla. En definitiva ni vascos ni catalanes admiten que para ser españoles se hayan de convertir en castellanos abandonado su propia naturaleza y historia en favor de queramos o no una nacion ajena.
Llegado el momento de la verdad los castellanos disfrazados de España lo que traen es el exterminio de lo no castellano.
Los no castellanos en su derecho a la supervivencia optan por salirse del estado supremacista de lo castellano en el que son espoliados y despersonalizados sistematicamente.

Jesús Gabriel Gutiérrez dijo...

las lineas rojas, y lo iremos viendo, están marcadas en un tiempo que empezará a finales de este año y seguirá intensificándose hasta el primer trimestre del 2017. Y el marco que lo acompaña será una crisis mundial.