miércoles, 17 de septiembre de 2014

La comprensión retorcida

Ruta Graveolens y el grado 13 de Virgo: el anhelo de pureza en medio de un mundo impuro.
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Junto con Rhus Toxicodendron, Ruta Graveolens es el otro remedio para torceduras, esguinces, etcétera. Y tanto en el sentido literal como en el metafórico, ambos tratan del retorcimiento.
A diferencia de Rhus Toxicodendron, en el que que la actitud retorcida es en relación a uno mismo, en Ruta Graveolens el retorcimiento se produce en forma de relación con los demás. La persona es esquiva, se esconde. Si participa, rara vez se abre a una comunicación llana y transparente. Es como si evitara hablar de lo que habría que hablar. Por tanto, pues, sigilo, secretos, oscuridad.
También, una tendencia a obsesionarse por el cuidado de algunas cosas mientras que otras quedan descuidadas. Hay una contradicción que afecta no sólo a este cuidado-descuidado sino, además, a una forma de relación en la que la comunicación es anhelada y evitada a partes iguales.
Una persona que encarnara Ruta Graveolens sufriría de hipersensibilidad a las palabras, a los ruidos, a supuestos pensamientos de otras personas, al qué dirán si digo a o b, o a cómo reaccionaré si me dicen a o b. 
Otros aspectos relacionados con la actitud de Ruta Graveolens es la que deriva de los medios que se utilizan para dar forma a los propósitos. Con Ruta Graveolens, los medios son tanto o más importantes que los propósitos mismos. La persona puede perder de vista qué es lo que en realidad busca, quedándose enzarzada en cuestionamientos que dificultan lo que podría llevarse a cabo de forma sencilla. Es posible que haya un sentimiento de resultar insuficiente o incompetente, de ser excesivamente perfeccionista o exigente con las circunstancias. El objeto de sus preocupaciones, pues, ya no son los objetivos sino los medios. Si estableciéramos un paralelismo entre el cuerpo y el alma, y ésta fuera la depositaria de los propósitos, veríamos que Ruta Graveolens se centra en el primero. El cuerpo hace de canal de la psique. Pues bien, la actitud Ruta Graveolens hace que lo corporal se convierta en foco de atención. Es decir, los medios pueden ser cuestionados obsesivamente, lo cual es como decir que nunca se está a gusto con ellos. Lo cual, además, comporta que la relación con el cuerpo, con todas las aprehensiones relacionadas con él, acabe convertido en reflejo del disgusto o del malestar.
A modo de ejemplo de lo indicado, la actitud en relación a la comida puede ser un buen ejemplo del estado de la relación entre alma y cuerpo.
El contacto con el cuerpo proporciona más incomodidad que placer, más desarreglo que armonía, más rechazo que aceptación. La persona Ruta Graveolens es muy sensitiva, crítica, perfeccionista. Se siente fácilmente contaminada. O se vuelve fácilmente contaminable, hasta preferir encerrarse en sí misma. En realidad es la intolerancia, o falta de aceptación, en relación a las circunstancias materiales, el cuerpo entre ellas. Se podría decir que Ruta Graveolens anhela la pureza en un mundo que le parece impuro.

Mis tomas de Ruta Graveolens.

Las tomas que hice de este medicamento, entre otras cosas, me llevaron a tener un sueño. En concreto, me vi intentando limpiar de heces un espacio. Las heces eran descomunales. Por el tamaño, de grandes que eran, difícilmente hubiera podido sostenerlas en los brazos. Cuando las tomaba, por si fuera poco, se me deshacían en trozos húmedos. Todo ello hacía difícil realizar la tarea de limpieza. Por decirlo de algún modo, me vi secuestrado por las heces, por la situación. Al final del sueño me pregunté de quién podrían ser tales heces. Luego, una vez recapacitado el sueño, pensé que esas heces eran las consecuencias de los actos humanos. Me pregunté, pues, si esas heces eran las mías propias o las de otros. Y tanto si eran mías como de otras personas, ello me llevó a percibir que Ruta Graveolens bien podría ser un buen homeopático para quienes se han visto obligados a cargar con las consecuencias indeseadas de los actos humanos, ya sean propios o ajenos.
En otro sueño me vi envuelto en una oferta de trabajo que no veía clara. La oferta me llevaba a tener que vivir en Pamplona, una ciudad que me gusta mucho. El caso es que el trabajo no se percibía claro de qué trataba, ni me lo querían decir. Por otro lado, el ofertante insistía mucho, mientras yo me resistía y no me veía con arrestos para decir que no de forma clara. Mi sensación era que se trataba de un trabajo que no tenía que ver conmigo o que resultaba oscuro o extraño, ya sea por la tarea o por las condiciones del entorno. El caso es que yo me resistía, mientras el ofertante seguía insistiendo. Quizá se trataba de un trabajo como espía, como agente secreto, como topo o como algo que no se puede decir en voz alta. Era una sensación retorcida.

El grado 13 de Virgo y la complicidad tóxica.

El grado 13 de Virgo describe a una persona a la que le resulta fácil que los demás le depositen sus propias sombras, sus secretos. Digamos que atrae que los demás le hagan cargar con sus secretos, con sus omisiones. Se podría decir que este grado encarna a la persona que ha podido tener relaciones morbosas o secretas con hermanos. Esta secretividad la lleva a no sentirse bien, sin libertad para poder soltarse en una conversación. Es alguien que guarda secretos, los cuales a menudo pueden resultar tremendos. Ello genera un desgaste, además de la coacción.
La persona opta por poner un candado. Y es así como la comunicación se fragmenta, se frena, se autocensura. A menudo, acaso para compensar, puede utilizar como tapadera una actitud aparentemente abierta y locuaz, incluso sospechosamente explícita y detallista. Una persona así capta el secreto, lo que se oculta, lo que hace sufrir a los demás. Si no está preparada para albergar tal información acabará retirándose de la vida social. Sin embargo, con una buena preparación psicológica, la persona puede convertirse en herramienta de ayuda para otros individuos que sufren por acontecimientos dolorosos acaecidos en el pasado y que todavía hoy lastran su libertad.