domingo, 19 de enero de 2014

La transformación del medicamento.

Sigo en este post la narración del contenido de los ciclos que se originan a partir de las grandes conjunciones. Corresponde ahora tratar el que implica a Urano y a Neptuno.

Urano - Neptuno: La abducción tecnológica busca su plenitud. 
x Jesús Gabriel
un astrólogo de Barcelona

La última conjunción se formó alrededor de 1993. La duración de este ciclo es de 170 años. Su importancia es fundamental para nuestra historia futura, pues, como bien dice José Luis San Miguel de Pablos, autor de "Urano-Neptuno: un reloj astrohistórico", la combinación entre Urano y Neptuno da lugar a un ciclo histórico de primera magnitud.

Si en los 60 se produjo la deslocalización financiera y en los 80, la desregulación, en los 90 se produjo la clusterización, alianzas empresariales que llegarán a tener un impacto fuerte en la gobernanza de ciudades y países. Ya lo estamos viendo: la linea que divide lo público de lo privado es muy sutil.

La opacidad política de estos años, que lo son, además, como consecuencia de las décadas anteriores, dio lugar a numerosos casos de corrupción. Recordemos los gobiernos de Felipe González.

También se firmó el Tratado de Maastricht, el de la construcción federal europea, el cual se ve que está topando con esas mismas consecuencias. La corrupción y el modelo neoliberal van a la contra de dicha construcción.

Sin embargo, las secuelas de este ciclos van más allá de unos hechos concretos fundacionales. Con este ciclo se forma un marco mental colectivo de primera magnitud, pues reúne dos conceptos-fuerza que guardan relación con la innovación, la transversalidad, la mezcla y la abducción.

Por ejemplo, alrededor de 1993 se empiezan a tratar el tema de la multiculturalidad. Se trata, pues, de todo un síntoma de los efectos que aportan las grandes conjunciones, que suelen acontecer con grandes migraciones: de personas, de ideas, de modos de vida. También, por otro lado, el diálogo inter-religioso en el ámbito cristiano. Un ejemplo de esto último son las reuniones transversales que católicos y protestantes vienen haciendo con frecuencia creciente a partir de la década de los 90.

Esta conjunción es la disparadora de internet y de un sinfín de fenómenos relacionados con ello. También, de grandes avances tecnológicos, de los cuales hablaré a continuación.

Más allá del dinero.

La conjunción que forman Urano y Neptuno contribuye grandemente en el proceso de elitización, acumulación de poder y oscuración de los procesos de control que se ejerce sobre la pirámide social a través de tecnologías aceptadas por todos.  Ya les comenté que en coincidencia con las conjunciones habidas en los 60 (Urano-Plutón) y en los 80 (Saturno-Plutón), lo financiero, lo empresarial y lo gubernamental empezó a transformarse. Como decía, esta contribución se reviste de formas tecnológicas que nos seducen y abducen. El encanto que la tecnología ejerce reviste de una doble posibilidad: el poder se infiltra en nuestras vidas, nos extrae y nos distrae, al tiempo que nos brinda, a través de las redes sociales, poder contrarrestar esta influencia a través de motivos sociales que podemos compartir con otras personas. ¿Paradojas? ¡¡ Si, paradojas !! Bien, el asunto es tener claro qué motivos puede uno tener para contrarrestar esta influencia y, además, confabularse a conciencia con otras personas. Todo lo cual se traduce en un desarrollo de una conciencia crítica y espiritual mayor. También, cómo no, de las habilidades sociales propias y del lugar que uno ocupe en la pirámide social, la cual ya no se regirá solo mediante el baremo de los valores asociados al dinero sino a otros, más vinculados a la gestión del conocimiento y de las relaciones.

Así, pues, las palabras clave para este ciclo son: clusterización, tecnologización, tecnocratización, monetización, medicalización,  privatización de lo público y miniaturización de lo estatal.

• Clusterización: Formación de alianzas empresariales que harán que la línea divisoria entre lo estatal y lo privado quede liquidada. 

• Monetización y tecnocratización: La extracción de rendimiento económico inunda a toda la sociedad. Lo vemos en los hospitales, cuya dirección dejó de lado a los médicos para poner en su lugar a economistas y/o tecnócratas. La palabra sostenibilidad está muy en relación con ello. Bajo este concepto subyacen ideas que van más allá de lo que formalmente dicen. Es decir, se aprovechará el discurso ecologista para introducir elementos que no tienen nada que ver con la preservación de la naturaleza.

• Tecnologización: Afectará a todos los aspectos de la vida humana. Ello comportará acercarse a una utopía relacionada con la posibilidad de mantener el mundo en orden (o en un desorden dirigido).
Resulta curioso que tras haber proclamado, a través del modelo neoliberal, que el mercado podía autorregularse y funcionar de por libre, se apliquen formas de control que denotan que hay una desconfianza total en el que el humano pueda hacerlo. ¿A qué viene, pues, que se haya estado promoviendo la libertad de mercado al tiempo que los artefactos de control de las personas ha estado yendo a más (y a más que irá). 

• Medicalización de la sociedad: Aunque Michel Foucault ya había hablado de ello en su "Historia de la Medicalización", la fuerza que ejercen las empresas farmacéuticas sobre médicos, pacientes y medios de comunicación provocaron que se escribiera sobre ello de forma especialmente contundente. Por ejemplo, en los libros de Teresa Forcades, Ghislaine Lanctot o Jörg Blech, publicados cuando el asunto ya empezaba a clamar al cielo.
Un detalle interesante a tener en cuenta es que alrededor de esta conjunción fue que se empezó a publicitar o sugerir que las personas nos dieramos de alta en mútuas privadas. De algún modo, ya en los 90, se nos estaba diciendo que los servicios públicos relacionados con la sanidad iban a ser privatizados a medio plazo.

En definitiva, este ciclo augura que la tecnología va a tomar el cuerpo, se fundirá con él, lo regulará. Se pretende que todos los aspectos de la vida estén controlados, estudiados, dirigidos.
Una prueba de este hecho es la apuesta prioritaria en las inversiones que se están haciendo en proyectos relacionados con la biotecnología, nanotecnología, genética, robótica, biónica, biomédica, células madre, etc...

La transformación del medicamento.

Así, pues, se barrunta en el horizonte un cambio que afectará, entre otras cosas, a la forma de medicarnos: pasaremos del fármaco a la implantación nanotecnológica, ya sea mediante microchips o mediante geles o fluidos creados en laboratorio. La tecnología sabrá muchas cosas de nosotros, hasta el punto de poder leer e interpretar nuestras constantes vitales, nuestra composición de la sangre (sin que haga falta extraer ni una gota de ella), nuestro estado de ánimo a partir de la temperatura corporal.

Y todo irá bastante más rápido de lo que nos pensamos. Con toda seguridad a partir del 2017 lo veremos todo con gran claridad. Ese año Plutón transitará por el grado 19 de Capricornio, justo donde se produjo la conjunción Urano-Neptuno de los 90.  Ese grado alberga la memoria del inicio de este gran ciclo. Por tanto, este tránsito hará reverberar los contenidos relacionados con el ciclo entero presagiado por esa conjunción.

El 2017 será la antesala del gran cambio del 2020. Se trata, pues, de una etapa en la que la gran pirámide social experimentará un proceso de adaptación a nuevos designios, los cuales fueron dados por esa misma pirámide en comunión con los ciclos de las grandes conjunciones. 

Para no llevarse las manos a la cabeza, especialmente por avances tecnológicos que pueden rozar lo éticamente permitido, habría que entender la pasión humana por ir sustituyendo lo natural por artefactos creados a imagen y semejanza de lo humano. Se trata de una tendencia tan fuerte que es difícil pararla o atemperarla. Cuestión de tiempo poder llegar a ver todas sus consecuencias. 

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